UCA

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas



Carta a las Iglesias

© 1997 UCA Editores


Carta a las iglesias AÑO XVII, Nº387, 1-15 de octubre de 1997

Juan Pablo II: Familia y Sociedad

Del 2 al 5 de octubre Juan Pablo II ha estado en Río de Janeiro para clausurar el II Encuentro Mundial de la Familia en el que participaron alrededor de 60 cardenales, 400 obispos y matrimonios de todo el mundo. El viaje, pues, ha tenido la finalidad específica de abordar el tema de la familia, pero indudablemente el hecho de que el encuentro se celebrase en Brasil dio un tono especial a todo lo que hizo y dijo el papa.

Hay que recordar que la Iglesia de Brasil ha sido pionera en inspirar y poner a producir Medellín. Ha sido pionera en la denuncia profética contra la explotación de los terratenientes y la represión de los militares, en la creación de las comunidades de base, la pastoral para indígenas y afroamericanos, la pastoral de la tierra. Ha defendido e incorporado en su misión la teología de la liberación. Y quizás lo más notable, ha ofrecido a la Iglesia universal toda una generación de obispos realmente evangélicos y populares.

En los últimos años, sin embargo, el Vaticano ha tratado de diluir el ala liberadora de la jerarquía y de la Iglesia y de potenciar el ala conservadora. Dos ejemplos: la división de la arquidiócesis de Sao Paulo para disminuir la influencia del cardenal Evaristo Arns, símbolo de la línea de Medellín, y la sustitución del legendario don Helder Camara, portavoz de los pobres del Tercer Mundo desde el concilio Vaticano II, por un obispo muy conservador.

En este contexto, ante la visita del Papa ha habido dos corrientes que se han arremolinado alrededor de dos lemas "familia" y "tierra" (y es triste y hace pensar que los defensores de la "familia", causa tan importante, estén casi siempre en la línea conservadora y la defiendan con intransigencia). Unos deseaban que el Papa se centrase en la familia y no mencionase otros problemas, pues no había venido a eso. Otros decían que sin tocar los problemas sociales, y especialmente el de la tierra, el papa no estaría visitando Brasil, sino algún otro país desconocido. En Brasil, en efecto, hay diez millones de familias sin tierra, y el veinte por ciento de la población posee el ochenta por ciento de las tierras.

La arquidiócesis de Río de Janeiro, cuyo arzobispo, Mons. Eugenio Sales, es conocidamente conservador, decidió no incluir en la agenda un encuentro del papa con familias de campesinos sin tierra y vetó también un encuentro del Papa con miembros del Movimiento Sin Tierra (MST), combativa organización de campesinos. Ante todo esto, Don Pedro Casaldáliga, con la libertad evangélica que le caracteriza, decía antes de la llegada del Papa que temía por el encuentro sobre la familia.

Temo que se queden en el tintero las raíces sociales, económicas y políticas, que están en la base de los problemas de las familias y que no se aborden adecuadamente los problemas derivados del neoliberalismo, entre ellos el de la reforma agraria, en la que va implícita la propiedad de la tierra... Se pueden hacer muchas críticas a este tipo de encuentros. Lo mejor hubiera sido dirigirlo hacia las familias pobres, que las bases hubieran participado más directamente en el encuentro y así las reuniones podían haber sido más populares y más evangélicas.

* * *

Juan Pablo II llegó a Río. En la clausura final del Encuentro habló de la familia y denunció con su usual vehemencia el aborto, "como fuerzas del mal que destruyen la familia, el aborto y el divorcio"

La propia fidelidad conyugal y el respeto por la vida, en todas sus fases de existencia, están subvertidos por una cultura que no admite la transcendencia del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

Estas claras y vigorosas palabras del Papa era lo esperado. Pero el Papa hizo más. A nivel simbólico, el papamóvil se detuvo ante la Iglesia Candelaria, donde una madrugada de 1993 fueron asesinados a balazos ocho niños de la calle. Ante el Papa un niño sobreviviente de la masacre soltó

una paloma blanca en su memoria y dijo: "Le pido al Papa que rece por Brasil y por el alma de mis ocho amigos asesinados".

Los niños de la calle es una poderosa expresión de los terribles males sociales que aquejan a Brasil, y a ello dedicó Juan Pablo II su primer discurso programático en el mismo aeropuerto. Apenas pisó suelo brasileño rindió homenaje a las comunidades negra e india, "fundamentos de Brasil", y lanzó una denuncia social. Ante el presidente Fernando Henrique Cardoso, destacó:

los desequilibrios sociales, la distribución desigual e injusta de los recursos económicos, generadores de conflictos en las ciudades y en el campo... La infancia abandonada constituye un enorme reto para los gobernantes de Brasil.

Don Pedro Casaldáliga estaba jubiloso. "Me alegra que el Papa, que está en visita pastoral, vincule el evangelio a la vida real y se refiera a los verdaderos problemas que enfrentan las familias". El Papa ha salvado el Encuentro sobre la familia, dijo. Y explicó por qué:

Uno de los mayores problemas de las familias latinoamericanas, especialmente de las brasileñas, es el éxodo de campesinos a las ciudades: Ese éxodo se produce porque no hay una política agraria y porque los gobiernos no se comprometen a ejecutar una verdadera reforma agraria. Resolver los problemas de las familias implica resolver la problemática agraria.

Muchos otros agradecieron las palabras del Papa, sobre todo los que luchan por la tierra, problema candente en la actualidad. Joao Pedro Stdile, coordinador del MST, las interpretó como un "tirón de orejas al gobierno". Saulo Feitosa, secretario del CIMI, dijo que las palabras del Papa son muy oportunas pues el actual gobierno está proponiendo, por primera vez, la reducción de áreas delimitadas para los indígenas. El presidente de la comisión episcopal de la tierra, don Tomás Balduino (uno de los obispos de la generación benemérita que hemos mencionado), espera que las críticas del Papa repercutan positivamente en el gobierno.

También los dirigentes de los movimientos afrobrasileños elogiaron la palabras de Juan Pablo II. Uno de ello dijo: "esperamos que ahora las élites pasen a tratar a la población negra con más respeto". Sebastiao Sores, del instituto de investigación de culturas negras, lo resumió así: "es importante que el papa haya hablado eso frente a Cardoso, porque este gobierno vive negando cosas que todo el mundo sabe, como la desigualdad y el racismo".

Y don Pedro añadió otro comentario muy importante para la Iglesia y su jerarquía. Don Pedro Casaldáliga, difamado y perseguido, fuera y también dentro de la Iglesia, por darse totalmente a los pobres y a sus causas, dijo:

Tal vez el mensaje del Papa ayude a muchos obispos a entender que no se puede predicar el evangelio sin condenar las injusticias.

Y tras este comentario-crónica tres reflexiones para terminar.

* * *

1. Sobre los viajes del Papa. Después de 80 viajes alrededor del mundo se puede sacar esta conclusión. Los resultados de las visitas del Papa dependen mucho de cómo se preparan en los diversos lugares. Eso quiere decir que --independientemente de carismas-- el Papa visita a las Iglesias, pero las iglesias también lo "visitan" a él, de alguna forma, y lo configuran. ¿Por qué será que en Brasil el Papa hace denuncias más vigorosas y se acerca más a las favelas? ¿Por qué será que en El Salvador fue más cercano a la realidad sufriente y a la esperanza del pueblo en 1983 que en 1996? Quién prepara la visita explica mucho de cómo resulta la visita. Normalmente esto se deja en manos de la jerarquía local. Según sea ésta, y según haga participar al pueblo, así es la visita.

2. Sobre los frutos de la visita. También en Río el Papa reunió a millón y medio de personas, les hizo cantar y cantó con ellos. En este sentido sus viajes siempre son un "éxito". Pero éste no suele durar por mucho tiempo, si no se pone a producir lo mejor que dijo en sus palabras y expresó en sus gestos. La evangelización diaria no vive de éxitos multitudinarios, sino de mantener las raíces de Medellín, de un Mons. Romero, en definitiva de Jesús. Y desde el mismo Vaticano nos vienen dos dificultades para ello. Una, aunque comprensible, no deja de ser dificultad: que el Papa hable de tantas cosas y con tal ímpetu de todas ellas que, de hecho, todos, de un lado o de otro, ricos y pobres, pueden reclamarse de él (aunque los pobres con más razón que los ricos). La otra es que los nombramientos episcopales de los últimos años parecen estar pensados --y de hecho así ocurre-- para defender una de las líneas del Papa (la obediencia a la jerarquía, por ejemplo, la lucha contra el aborto y el divorcio), pero no la otra: la participación popular, la denuncia de la injusticia...

3. Sobre la familia. La familia tiene su realidad propia y sus problemas específicos, y el Papa los ha nombrado con toda claridad. Pero se hace flaco servicio a la familia si no se aborda la realidad social en que vive, sufre y goza. Aquí entre nosotros, ¿no influye decisivamente en la estabilidad familiar y en la paternidad responsable, el desempleo, la pobreza inicua, la vivienda inhumana, la emigración forzosa y tantas otras cosas? Y también ocurre, por la razón contraria, en las familias adineradas: la opulencia difícilmente genera amor estable, paternidad que humaniza con el ejemplo de austeridad, solidaridad, respeto y acogida al débil que se da a los hijos. Aunque no fuese más que por esta razón, si la Iglesia en verdad "quiere ser pastoral", tiene que "meterse en política". Es imposible ser "sólo" pastoral.


Las críticas de Mena Lagos y Orlando de Sola a Alfredo Cristiani.

El Presupuesto General de la Nación para 1998

Cristiani, promotor del "mercantilismo"

No cabe duda que ARENA tiene que enfrentar, antes que cualquier otro desafío, las fisuras internas que, sin ser nuevas, han alcanzado en los últimos días una gravedad inusitada. Han llegado a tal punto que una de las principales figuras en el debate --Orlando de Sola-- ha ubicado la raíz de los males del partido en el propio Roberto de D'Aubuisson, quien "cometió el error de introducir el mercantilismo por la vía de Cristiani". Los principales críticos al interior de la derecha --el propio de Sola y Mena Lagos-- han hecho del "mercantilismo" de los actuales líderes de ARENA su principal foco de atención.

En de Sola hay ciertamente un componente personal en su malestar con el partido, que se remonta a su destitución, por parte del Presidente Calderón Sol, como Superintendente de Energía y Telecomunicaciones, pues --en su opinión-- se le "destituyó por motivos injustos, como que yo no había cumplido con mi obligación y había gastado mucho dinero". Asimismo, de Sola no manifiesta la menor simpatía hacia Cristiani, a quien considera un hombre a quien le "gusta mucho la acumulación de riquezas materiales, no intelectuales. Y para eso utiliza el poder político. Porque él, que era un hombre rico antes de acceder a la política, salió muchísimo más rico cuando acabó su presidencia. El dinero no debería ser el motivo de su activismo político".

Por su parte, Mena Lagos también tiene motivos para estar disgustado con ARENA y su dirigencia, pues fue despojado del poder con el que contaba cuando era Comisionado Presidencial para la Modernización del Sector Público. Y aunque dice sentir respeto por lo que hizo Cristiani cuando fue presidente, no puede ocultar su resquemor por su propensión a obtener privilegios empresariales valiéndose del poder político.

Estos críticos de derecha tienen, pues, motivos personales muy fuertes en contra del partido que antes les dio protección. Pero más allá de los innegables resentimientos, tanto Orlando de Sola como Mena Lagos cuestionan más de fondo a la actual cúpula arenera: haber desviado al partido hacia el "mercantilismo" en desmedro de los valores liberales que inicialmente lo animaron. Dice Mena Lagos: "los orígenes de ARENA son eminentemente nacionalistas, pero principalmente liberales, y su éxito en el futuro dependerá de su capacidad para conjugar estas dos tendencias".

De Sola arremete contra esa "especie de socialismo monárquico, donde el rey de turno otorga a sus amigos todo tipo de privilegios, en detrimento de los ciudadanos. Lo mismo pasa hoy cuando se protegen determinadas actividades consideradas de interés nacional, pero que terminan por beneficiar a un grupo específico, y perjudican al resto de la gente porque impiden la competencia". Hay oposición al arribo de Cristiani a la presidencia del COENA, puesto que por ser auspiciador del mercantilismo no sólo puede condescender con la corrupción "el mercantilismo tiene un grado de corrupción"-, sino que será proclive a "valerse del poder político para entrar en algunos sectores económicos en exclusividad. Es lo que en economía se llama abuso de la situación monopólica u oligopólica".

Empresarios, liberalismo y mercado

No se puede negar que gran parte de los empresarios salvadoreños ni son emprendedores ni competitivos ni respetuosos del Estado de derecho. Tampoco se puede negar que desde el poder político se conceden favores, en detrimento de otros sectores económicos, a grupos privilegiados que, amparados en argollas políticas, consiguen fuera del mercado lo que no pueden lograr en una limpia competencia dentro del mismo. Son estos sectores políticos y económicos mercantilistas los que hacen la apología más brutal del mercado; los que proclaman sus virtudes y logros. Son ellos, sin embargo, los primeros que violan sus reglas; que se enriquecen ilícitamente; que bloquean, amparados en el poder político, la emergencia de otros sectores económicos en verdad competitivos.

Se podrá estar en contra del mercado por considerarlo inequitativo o generador de injusticias, pero en El Salvador la competitividad empresarial es sólo un sueño, y el mercado, por más que desde la derecha económica y política se pregonen su eficacia y sus bondades, enfrenta serios obstáculos para convertirse en el eje dinamizador de la economía. Por las razones que sea, de Sola y Mena Lagos se han atrevido a señalar una de las fuentes de esos obstáculos. Es de esperar que su crítica cale hondo en las altas esferas de la derecha económica y política, y que de ello surjan respuestas que vayan más allá de los balbuceos de Cristiani, quien se ha limitado a decir que las críticas provienen de gente "frustrada" y "resentida". Decir que de Sola y Mena Lagos son resentidos y frustrados no va al fondo del asunto; esto es, al problema de si en verdad ARENA es un partido comprometido con la libre empresa o si, por el contrario, lo está con los contubernios mercantilistas.

Principales receptores del incremento presupuestario en 1998

Un primer elemento que llama la atención de la composición del presupuesto es que existen seis ramos que no experimentaron ningún cambio: obras públicas, defensa, agricultura, fiscalía, procuraduría general de la república y procuraduría para la defensa de los Derechos Humanos. En cambio, los ramos que sí crecieron fueron: educación, servicio de la deuda pública externa, órgano judicial, justicia, órgano legislativo, y, finalmente, el financiamiento a los gobiernos municipales. Sin duda, los que recibieron los mayores porcentajes fueron los ramos de educación y de servicio de la deuda pública externa, aproximadamente 300 millones extra cada uno. Esto significa que, para 1998, el servicio de la deuda externa podría llegar a mejorar su participación en el total del presupuesto, aun por encima de lo que lo haría el ramo de educación. El presupuesto para educación y servicio de la deuda externa pasaría de 16% a 16.1% y de 8.8% a 9.7%, respectivamente, entre los años 1997 y 1998.

Disminución del gasto social

A pesar del incremento asignado al ramo educativo, en conjunto, las ramas consideradas dentro del gasto social (educación, salud, vivienda y trabajo) disminuyeron su participación en el presupuesto. En 1996 y 1997 se destinó un 24.35% y un 25.1% para gasto social, mientras qu en 1998 se espera que el gasto social alcance únicamente el 24.5% del total, resultado de sumar el porcentaje asignado a educación (16.1%), salud (7.9%), vivienda (0.2%) y trabajo (0.3%). En lugar de incrementar la asignación para gasto social, como lo propone el plan de desarrollo social, el anteproyecto del presupuesto para 1998 lo retrocedería a los niveles de hace 2 años.

Lo más cuestionable es la reducción del porcentaje asignado a la salud. Este pasará de un 8.6% en 1997 a tan sólo un 7.9% en 1998. Pese a que se aumentó su presupuesto en 16 millones de colones, éste fue proporcionalmente menor al experimentado por el presupuesto total.

Al examinar los restantes componentes del gasto social (trabajo y vivienda) destaca que éstos se mantuvieron prácticamente en los mismos niveles porcentuales de 1997. No obstante, resulta significativa la reducción de cerca de 1.2 millones en el presupuesto de vivienda y desarrollo urbano, no por su monto, sino por el contexto en que se opera. Este ramo apenas recibe un 0.2% del presupuesto, pese a que la vivienda es una de las necesidades sociales más ingentes.

Financiamiento a los gobiernos municipales

Como resultado de las últimas elecciones legislativas y municipales, la formulación del presupuesto ha abierto una histórica discusión entre la Asamblea Legislativa y el Ejecutivo. El principal punto en discordia es el porcentaje que sería asignado para el ramo de Financiamiento a gobiernos municipales. Pese a que la Asamblea Legislativa aprobó un decreto para que aquél fuera de 6%, en la práctica el Organo Ejecutivo, a través del Ministerio de Hacienda, únicamente asignó un 2% para este rubro.

El Presidente de la República ha manifestado estar "dispuesto a aumentarle a los municipios si la oposición [legislativa le] dice de dónde obtener el dinero", pues, según él, para el incremento que ya se contempló en el presupuesto para las municipalidades se hicieron esfuerzos por reubicar partidas destinadas para el Ministerio del Interior y para el programa Municipalidades en Acción. Por su parte, representantes de la oposición argumentan que la asignación del 6% había sido aceptada ya por el mismo Presidente antes de ser aprobada por el pleno legislativo.

Lo cierto es que, aunque el gobierno afirma estar a favor de la descentralización y el fortalecimiento municipal, en la práctica está bloqueando iniciativas que pueden contribuir significativamente a mejorar la capacidad de gestión de las municipalidades. Esto resulta especialmente cuestionable si se considera que, en realidad, el problema no depende tanto de la insuficiencia de fondos, sino de la reasignación de partidas de otras instituciones, obras públicas por ejemplo.


Homilía de Monseñor Gregorio Rosa, 28 de septiembre

"Ojalá todo el pueblo fuera Profeta"

El espíritu de Dios actúa mucho más allá de las fronteras de la jerarquía y de la Iglesia. Al respecto, tanto la primera lectura como el Evangelio nos invitan a la apertura y a la esperanza. El espíritu de Dios sopla donde quiere y como quiere. Dios puede suscitar hijos de Abraham de las piedras, como dijo Jesús en cierta ocasión. Dios es completamente libre de conceder sus dones de la forma que mejor le parezca, aunque eso no quepa en nuestros estrechos y mezquinos esquemas mentales. Ese es el hermoso mensaje que hoy nos trae la palabra de Dios.

Nos cuenta la primera lectura que el gran profeta Moisés, por indicación de Dios, transmitió a setenta ancianos parte del espíritu que poseía y éstos "se pusieron enseguida a profetizar". Cuánta falta hacen los profetas en el mundo de hoy, profetas que estén atentos a las señales de Dios. Esos profetas pueden estar fuera de la tienda de la reunión, como sucedió con los dos jóvenes Eldad y Medad. En ese sentido son profetas las personas y las organizaciones de la sociedad civil que sinceramente defienden el medio ambiente, los derechos humanos, la tarea de la administración de la justicia. Necesitamos una actitud amplia como la de Moisés, que se negó a prohibir que estos jóvenes profetizaran sólo porque no eran del grupo oficial. Recordemos la respuesta del gran liberador: "¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!". Es realmente importante porque entre nosotros como que ya nos acostumbramos a que los ambientes del mundo sigan tan ajenos a la fuerza de la profecía, tan llenos de mediocridad, indiferencia y corrupción.

"El que no está contra nosotros está a favor nuestro"

Pasaron varios siglos después de este maravilloso acontecimiento y nos encontramos con Jesús, quien vivió una situación parecida a la que afrontó Moisés. Hemos escuchado el relato del Evangelio: Juan le habla a Jesús acerca de alguien que echaba demonios en su nombre. Y con visible satisfacción añade: "Y se lo hemos prohibido porque no es de los nuestros". El cree que ha hecho una gran cosa y que su maestro se sentirá muy halagado. La respuesta de Cristo le resulta inesperada y desconcertante: "No se lo impidan porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí".

Esos casos abundan en nuestros días, gracias a Dios. Pero todavía se dan entre nosotros esos celos absurdos que nos llevan a cerrar los ojos o a sentirnos mal por el bien que hacen otros porque "no son de los nuestros". Sería mejor que, en lo posible, reconociendo las cosas que realizan, nos dejemos cuestionar por su generosidad y su entrega, tanto más meritoria si no se han encontrado nunca con Jesucristo vivo. Por algo decía Gandhi que admiraba a Cristo y su Evangelio, pero sentía repugnancia por la forma cómo vivían los cristianos.

Es impresionante la frase que Jesús pronuncia a continuación: "El que no está contra nosotros, está a favor nuestro". Aquí hay una lección que nos viene muy bien a quienes tenemos la tentación de encerrarnos en nuestro pequeño grupo y en nuestras pobres ideas como si allí se terminara el mundo. Un periodista francés que había entrevistado muchas veces a Madre Teresa de Calcuta decía que una de las cosas que más le impresionaba en ella es que, al servir a "los más pobres de los pobres", nunca intentó convertirlos al cristianismo sino que respetó su fe. El mundo se va haciendo cada día más pluralista y eso nos obliga a buscar nuevas formas de evangelización. Pero, sobre todo, en este mundo en el que tendremos quizá cada vez menos apoyo en el ambiente para vivir nuestra opción por Jesucristo, nos tocará aprender a descubrir lo que el Señor hace fuera de las fronteras de la Iglesia Católica.

Otro punto que toca Jesús es el del escándalo. Hoy la gente se ha vuelto más exigente con quienes nos decimos seguidores de Jesucristo. Les escandaliza que nos llamemos cristianos y seamos tan corruptos y tan injustos en la forma de tratar, por ejemplo, al personal que trabaja en nuestras casas, a los empleados de las empresas y fábricas, etc. Cuando produzcamos menos escándalo con nuestra conducta, Cristo será más conocido y amado.

"Su riqueza está corrompida"

La liturgia de la palabra de este domingo nos invita a fijarnos en un caso muy actual que produce escándalo: la actitud de muchos cristianos con relación a las riquezas. En este punto, el pasaje de Santiago que hemos escuchado como segunda lectura, es como una bofetada en el rostro. Las palabras del primer obispo de Jerusalén, más parecen pronunciadas por un agitador revolucionario que por un apóstol de Jesucristo. Parece que él se refería a personas ricas que pertenecían a la naciente comunidad cristiana. Les echa en cara que han acumulado riquezas sin preocuparse de las necesidades de los más pobres. Esta conducta es todavía más reprochable si tenemos en cuenta que en esa época existía la convicción de que la llegada del fin del mundo estaba cerca. Entonces, ¿para qué acumular riquezas mal habidas?

Las palabras de Santiago son realmente duras: "Ahora ustedes, los ricos, lloren y laméntense por las desgracias que les han tocado. Su riqueza está corrompida. El jornal defraudado a los obreros que han cosechado sus campos está clamando contra ustedes y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor".

Esa indignación ética del pastor está detrás de la convocatoria al Sínodo de América lanzada por el Papa Juan Pablo II. Como sabemos, este encuentro de Obispos de Canadá, Estados Unidos, América Latina y el Caribe tendrá lugar en Roma del 16 de noviembre al 12 de diciembre. De El Salvador asistiremos, Dios mediante, el Señor Arzobispo -Monseñor Fernando Sáenz Lacalle- y yo, el Papa presidirá esta importante reunión de casi un mes cuyo tema es todo un programa y un desafío: "Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad". La solidaridad entre las personas, la solidaridad de los que tienen mucho con los que casi no tienen nada, la solidaridad de los países ricos con los países del tercer mundo. Para nosotros, la solidaridad debe tener como base un encuentro personal con el Señor muerto y resucitado. Sin eso no hay conversión y ésta no es auténtica si no desemboca en la solidaridad.

El mes de la independencia

La solidaridad adquiere un carácter particular en el mes de la independencia. ¿Qué pensamientos pasan por la mente de los estudiantes de todas las edades? Es difícil saberlo pero no hay muchos motivos para el optimismo: la "patria sagrada" a la vez que "saludan reverentes las nuevas generaciones" parece que cada vez tiene menos que ofrecer. Ya prácticamente desaparecieron los "ríos majestuosos"; "el aire que respiramos" está contaminado; "las fértiles campiñas" y los "apacibles lagos" son cosa del pasado.

¿Y qué sucede con "la familia que amamos"? Algo muy trágico: que va de sobresalto en sobresalto, tanto dentro como fuera de El Salvador. Entre nosotros, porque la frágil economía familiar no resiste el alto costo de la vida, y fuera del país, porque la amenaza de las duras leyes migratorias de Estados Unidos pende sobre la cabeza de miles de compatriotas. Todo esto es preocupante y debe llamarnos a la reflexión y a la acción. ¡Qué duro vivir en un país que está dejando de ser el hogar de todos!

Septiembre es también el mes escogido para honrar a los próceres de nuestra independencia. Ayer visité la parroquia que conserva el famoso campesino de La Merced. Y pensé que a los nombres de José Matías Delgado y tantos otros habría que añadir los de los próceres de los tiempos modernos. Como Monseñor Romero. Pero si El Salvador tiene hoy tantos problemas, ¿cómo no lanzar la mirada hacia los llamados "padres de la Patria" para preguntarles qué futuro están construyendo para las nuevas generaciones? Pero decir Asamblea Legislativa es decir partidos políticos y, por tanto, dirigentes políticos. Me parece que es oportuno preguntarles cuánto hemos avanzado en el camino de la consolidación de la paz. Esta pasa por los valores que conforman la "cultura de paz"; valores como el diálogo, la verdad, la tolerancia, el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad, la justicia.

No se trata de una pregunta retórica porque las últimas semanas nos han dejado una fuerte dosis de confrontación e intolerancia que en nada contribuye a la paz. ¿Por qué nos está costando tanto poner en pie el país que queremos? Sin duda, una de las dificultades nace de la dinámica de la economía mundial, cada vez más concentradora y excluyente. Al paso que vamos, ¿tendrán dónde dormir y qué comer los pobres? Y son esos pobres los que a menudo se convierten en las principales víctimas de la violencia, como acaba de suceder en el departamento de Cabañas.

Nos resulta duro reconocer que somos uno de los países más violentos del mundo, pero no vamos a cambiar las cosas enterrando la cabeza en la arena como el avestruz. Es tiempo de volver a soñar en esa Patria que describe en forma tan sobrecogedora la "oración a la bandera". Es tiempo de soñar y de poner manos a la obra para que ese sueño se convierta en la realidad. Para ello contamos con la ayuda del Señor.


1998, año del Espíritu Santo (III)

Espíritu de Dios, espíritu del hombre

¿Cómo actúa el Espíritu? ¿Dónde actúa el Espíritu? Estas son las preguntas que, ante todo y sobre todo, nos interesa contestar. Porque hay gente que se imagina que el Espíritu se hace presente, principalmente, en esos momentos privilegiados en los que rezamos con tal entusiasmo y tales sentimientos que llegamos a experimentar no sé qué emociones que nos acercan al éxtasis o a algo que se parece mucho a eso. ¿Es ahí donde el Espíritu se manifiesta antes que en ningún otro momento? ¿Es precisamente de esa manera?

Para responder a estas preguntas, lo primero que se debe tener en cuenta, es que (según nos enseña el Nuevo Testamento) existe una relación profunda entre el Espíritu de Dios y el espíritu del ser humano. En efecto, de los diversos sentidos en que san Pablo utiliza la palabra "espíritu", nos interesa considerar los dos principales, a saber: el "Espíritu de Dios" (por ejemplo, Rom 8, 16; 1Cor 2, 10) y el "espíritu del hombre", es decir, el yo con sus intenciones (cfr. Rom 1, 9), sentimientos (1Cor 16, 18) y la conciencia que el ser humano tiene de sí mismo (1Cor 2, 11). Pero aquí es decisivo advertir que con frecuencia resulta difícil saber si un determinado texto pertenece al primer grupo o más bien al segundo. De ahí, las dudas, que suelen tener los que traducen el Nuevo Testamento, a la hora de precisar en qué textos la palabra pneûma se debe poner con mayúscula (el "Espíritu" de Dios) o con minúscula (el "espíritu" del ser humano).

Esta dificultad no es simplemente una cuestión de gramática. Se refiere a algo mucho más profundo, a saber: la relación que existe entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre. En este sentido, como se ha dicho muy bien, parece que se puede hablar de una correspondencia profunda entre el espíritu del ser humano (Rom 1, 9; 8, 16; 1Cor 2, 11; 5, 3-4; Gal 6, 18; Fil 4, 23; 1 Tes 5, 23; Filem 25) y el Espíritu de Dios, que suscita y dirige a las mujeres y a los hombres, si bien el Espíritu de Dios es siempre soberano con relación a todo lo que es simplemente humano.

Pero la cuestión capital aquí es la siguiente: si, efectivamente, existe esa profunda correspondencia entre el Espíritu de Dios y el espíritu de los humanos, ¿en qué dirección orienta el Espíritu (divino) al espíritu (humano)? Para responder a esta pregunta, lo primero que se debe recordar es el texto capital de Gal 5, 22: el fruto del Espíritu es el amor en sus diversas manifestaciones. Ahora bien, sabemos de sobra que el amor, entre los seres humanos, es la experiencia central de la vida. Por eso se comprende la frecuente conexión que el Nuevo Testamento establece entre el Espíritu y la vida (Lc 4, 18; Jn 3, 5-6; Rom 1, 4; 8, 5-6.11.13; 1Cor 15, 45; Gal 6, 8). Donde hay Espíritu, hay vida. De manera que la vida de los hombres y mujeres es donde, ante todo, se hace presente y se manifiesta el Espíritu Santo.

¿Qué quiere decir esto, más en concreto? Aquí, creo yo, damos con una de las afirmaciones más fundamentales del cristianismo. El punto capital es éste: el centro de la relación de Dios con el hombre es la vida. Concretamente, "esta" vida, ya que es en esta vida donde, ante todo, se realiza el encuentro y la correspondencia entre el Espíritu de Dios y el espíritu humano. Por la fe sabemos que la vida, que el Espíritu nos comunica, tiene tal fuerza y tal plenitud que trascenderá los límites de la existencia presente y nos concederá una vida sin término (cfr. Rom 8, 9-11). Pero la esperanza en el futuro no debe marginar, y menos aún desplazar, la centralidad del acontecimiento cristiano, que -no lo olvidemos- se ha realizado y se prolonga en la historia. Por eso repito lo que he dicho antes y que, según creo, no estamos acostumbrados a oír: el centro de la relación de Dios con el ser humano es la vida, de forma que en eso está la clave para comprender lo que significa y exige la presencia del Espíritu en nuestro espíritu, en todo espíritu, es decir, en todo ser humano.

* * *

Ahora bien, eso quiere decir que el centro de la relación de Dios con los seres humanos no está en la religión, sino en algo que es más fundamental que la religión, es decir, la vida. Y, por tanto, el centro de la relación de Dios con los seres humanos no está en la Iglesia, sino en algo que es más fundamental que la Iglesia, es decir, la vida. Al decir esto, no se trata de quitarle su importancia a la religión, como tampoco se trata de disminuir la importancia que tiene la Iglesia. Lo que quiero decir es que la religión y la Iglesia no existen para sí mismas. Dios quiere que haya religión y que haya Iglesia, pero con tal que la religión y la Iglesia existan para dar vida y se dediquen a respetar la vida, defender la vida, potenciar la vida, hacer que la gente tenga una vida más digna e incluso lograr que los seres humanos, todos los seres humanos, (en cuanto eso es posible) disfruten de la vida.

Yo no sé si caemos en la cuenta de todo lo que esto representa. De una cosa sí estoy seguro: plantear de esta manera el asunto de Dios y el asunto del Espíritu es el único camino para superar los miles de prejuicios, de sospechas y de resistencias que mucha gente tiene contra Dios, contra la religión y contra la Iglesia. Por una razón que se comprende enseguida: con demasiada frecuencia, por desgracia, la religión se ha puesto por encima de la vida. Y también la Iglesia se ha antepuesto a la vida. De sobra sabemos que las páginas de la historia están demasiado ensangrentadas por causa de la religión y por causa de la Iglesia: cruzadas, inquisición, guerras de religión, matanzas de herejes, judíos y paganos… Cosas espantosamente desagradables que quisiéramos olvidar. Es verdad que, en la Iglesia actual, ya no pasan esas cosas. Pero también es cierto que hay muchas maneras de atentar contra la vida, contra la dignidad de la vida de las personas, contra los derechos de las personas, contra la paz en la intimidad de las personas, contra el disfrute legítimo que las personas tienen derecho a gozar en la vida.

Para caer en la cuenta de la verdad que entraña lo que acabo de decir, basta recordar los dramas ocultos (o no tan ocultos) que se viven en muchas familias, en no pocas comunidades religiosas, en la intimidad secreta de tantas conciencias. Cosas demasiado desagradables, de las que saben mucho los confesores, los médicos y, con frecuencia, concretamente los psicólogos y psiquiatras. Y lo peor del caso es que, demasiadas veces, estas cosas siguen pasando porque, en definitiva, la religión se sigue anteponiendo a la vida. Y los derechos, poderes y dignidades de la Iglesia se interpretan en la práctica de tal manera que están antes que los derechos de las personas, la dignidad de las personas y la felicidad de las personas. Se mire como se mire, todo esto, en última instancia, es no tener respeto --el respeto que se merece-- al Espíritu de Dios, presente en el espíritu de cada ser humano.

* * *

Y todavía, una observación importante: respetar la vida es respetar la cultura en la que cada persona nace, vive y muere. Es decir, si los cristianos tomamos en serio eso de respetar la vida, tenemos que tomar igualmente en serio el respeto por las distintas culturas en las que viven los seres humanos. O sea, tenemos que tomar en serio el respeto por las distintas maneras de pensar y, entre otras cosas, de entender y vivir la religión, según las tradiciones de cada pueblo y de cada historia particular. Cada día se hace más necesario y más urgente el diálogo interreligioso, por la sencilla razón de que, mientras no haya de verdad diálogo entre las distintas religiones, no habrá paz mundial. Y, además, porque tenemos que estar persuadidos de que el Espíritu de Dios está presente y activo en todos los hombres y mujeres de buena voluntad que, a través de sus tradiciones y culturas religiosas, buscan al Dios que nos trasciende a todos. Los cristianos decimos que Cristo es el único mediador entre Dios y la humanidad (1 Tim 2, 5; Heb 8, 6; 9, 15; 12, 24). Pero no debemos olvidar que su mediación única se fundamenta en su resurrección, por la que fue constituido Señor nuestro "según el Espíritu santificador" (Rom 1, 4). Lo cual quiere decir que, en última instancia, la mediación universal entre Dios y la humanidad tiene su fundamento en el Espíritu. Por eso es posible --y en el futuro será viable-- el diálogo interreligioso con todas sus consecuencias. A fin de cuentas, los habitantes de este mundo nos diferenciamos por razas, culturas, religiones, nacionalidades y mil cosas más. Pero hay una cosa en la que coincidimos: todos queremos vivir. Y vivir felices y con dignidad. Lo genial es que, precisamente cuando coincidimos en eso, sin pensarlo ni sospecharlo, todos estamos coincidiendo en el Espíritu de Dios, si es que de verdad hacemos lo que está a nuestro alcance para que todo el mundo viva feliz y dignamente.

José María Castillo


Saber leer teológicamente nuestra historia

No hay duda de que los tiempos actuales son bien distintos de hace una generación, cuando el horizonte estaba dominado por mayo del 68, la naciente teología de la liberación y diversas formas de esperanza intrahistórica. Nuestra hora histórica se caracteriza más bien por la falta de esperanza para los pobres, y por las evasiones de los fundamentalismos o del individualismo chato de la postmodernidad.

En estas situaciones puede ser una tentación fácil la de abdicar del pasado: si nos ha traído hasta aquí, señal de que era malo o equivocado. Y es evidente que el pasado está para ser superado, para ser criticado y para que aprendamos de él. Pero una apostasía global del pasado podría equivaler a como si Jesús, cuando le llegó la cruz, se hubiera desdicho de toda su vida anterior. Y sin embargo Jesús prefirió decir aquella frase casi blasfema: "Dios mío ¿por qué me has abandonado?", antes que abdicar del anuncio del Reinado de Dios para los hombres, que llenó su vida y le llevó a la muerte.

Seguramente Jesús era en esto más hijo del Antiguo Testamento, y nosotros más hijos de Occidente. Porque una de las características de la Biblia, y una de las cosas que más necesitamos aprender hoy, es el afán por leer desde Dios los constantes e incomprensibles cambios de los tiempos.

En las líneas que siguen, quisiera proponer unas pautas de lectura de la historia que están sacadas de la Biblia y que, por supuesto, no pretenden excluir la mediación de todas las ciencias humanas, sino colocarlas en una onda creyente para acercarnos a la comprensión del cambio histórico. Tampoco pretenden dar una explicación global de los rasgos concretos de nuestro presente (caída del Este, neoliberalismo rampante, globalización, involución eclesial, auge de los fundamentalismos...) porque eso requeriría muchas más páginas. Sólo quisiera sugerir un esquema creyente que, en mi opinión, no deberíamos abandonar nunca.

Dejando ahora de lado las dimensiones personales de cada cual, y atendiendo a la dimensión social humana, la relación entre la fe en Dios y la construcción de la historia está marcada por un triple rasgo del que da claro testimonio la historia del pueblo de Dios que, en este punto, me parece paradigmática para nuestro tema. Esta triple característica es: la liberación, el desierto y la infidelidad. El segundo y tercer elemento pueden aparecer en orden diverso, como se verá ahora mismo por los ejemplos. Pero el orden no obstaculiza su realidad.

1) La liberación de Egipto, como tantas veces se ha explicado, no lleva a la tierra prometida sino al desierto. Y la dura experiencia del desierto no parece compatible con el carácter teofánico que tuvo aquella salida de Egipto contra la voluntad de un Faraón todopoderoso. En el desierto el pueblo añora los frutos de Egipto (no sólo los "ajos y cebollas" como dice la fórmula habitual). Y es natural, puesto que los frutos de Egipto eran más sabrosos que el repetido "maná", por más que en un principio se mitificase a éste. Eran más sabrosos, sólo que les faltaba el sabor de la libertad. En el desierto el pueblo añora también el agua. Esta doble añoranza lleva al pueblo al desengaño y a la busca de otros dioses: el becerro de oro y "el día de Massá" quedarán como expresiones clásicas de esa infidelidad.

2) El establecimiento en la tierra prometida supone otra experiencia de liberación. En ella queda constituido el pueblo con unas estructuras carismáticas y (valga la anticipación histórica) "democráticas", que en su igualitarismo y en su libertad tienen también algo de teofánicas. En la anfictionía, el pueblo tiene justicia pero no grandeza. Y aquí surgen otra vez la tentación y la infidelidad: otros pueblos, con estructuras más injustas, son sin embargo mucho más grandes, e Israel quiere "tener un rey como las otras naciones". Las objeciones de Samuel contra la monarquía son todas de eso que hoy llamaríamos "ética política" antitotalitaria. Esa falta de ética política es denunciada por la Biblia como un abandono de Yahvé. Más aún, en un primer momento incluso parece que la monarquía haya conseguido los objetivos deseados, y el pueblo llega a ser grande "como las demás naciones". Teólogos de la época se atreven a ver la monarquía de David como el cumplimiento de la promesa divina. Pero a la larga fermenta el germen disolvente de todas las estructuras injustas: la monarquía se corrompe, se divide, y acaba llevando al pueblo a una nueva experiencia de desierto que ahora (valga el juego de palabras) tiene forma de destierro: setenta años en los que el pueblo se pregunta si Yahvé no ha cumplido su promesa o los dioses de Babilonia son más grandes que Yahvé. Y a los que trata de responder y acompañar esa maravilla literaria que es el llamado Deuteroisaías.

3) El regreso de Babilonia es una nueva experiencia de liberación: "cuando el Señor cambió la suerte de Sión nos parecía soñar". Pero a pesar del afán de fidelidad que trataron de encarnar las reformas de Esdras y Nehemías, el retorno tampoco encontró una tierra prometida, sino una tierra abandonada. Las enormes penurias del regreso acabaron originando una corrupción del sacerdocio que se sacraliza, y utiliza su autoridad religiosa como fuente de poder terreno. La reconstrucción del Templo está viciada originalmente por alianzas discutibles. Y en ese pueblo, nuevamente infiel y desesperanzado, aparece Jesús.

4) Entre los seguidores de Jesús se da una primera experiencia de liberación en el anuncio de Reino y en la praxis y los signos del Maestro. Pero a la vez aparece el desierto en la incomprensión y la cruz del Señor. Y entre ambos se teje una cierta infidelidad de los discípulos que va más allá de la "poca fe" o de la dureza de corazón, hasta el abandono de unos y el rechazo o la condena de otros.

5) La experiencia de la Resurrección lleva también al desierto de una Parusía que no viene y de un nuevo pueblo de Dios que tiene que dar vueltas por la historia e irá encontrando tentaciones inesperadas. No sería difícil ir descubriendo esa misma visión a lo largo de la historia de la Iglesia, pero se sale de los límites de esta nota.

Esa triple categoría, liberación, desierto e infidelidad, resulta también fundamental como una de las claves de lectura creyente de infinidad de acontecimientos modernos. No es ahora momento de analizarlos más, sino sólo de subrayar que no se puede encarar creyentemente la construcción de la historia al margen de esta triple categoría. Y la misma Biblia tiene la finura de convertir muchas veces al desierto (lugar de experiencia de abandono y de infidelidad) en lugar de reencuentro con Dios. Como la "noche-dichosa" de San Juan de la Cruz.

Terminemos notando que, junto a esas categorías, podrían señalarse también algunas figuras arquetípicas que suelen acompañar los diversos momentos descritos, o aparecer en ellos. Podríamos hablar, por ejemplo, del Profeta, del líder carismático, o del "resto". O de las diversas formas de "ministerio" o institucionalización, que nacen para evitar esa infidelidad, pero que suelen acabar incurriendo en ella por la vía de una negación de la libertad primera... Pero la presentación de esas figuras trasciende ya los objetivos de este paradigma creyente de la historia. Más nos interesa señalar que este paradigma puede darse porque la construcción creyente de la historia está siempre abierta a un posible fracaso absoluto (con la muerte), o a una hipotética Plenitud absoluta desconocida, pero quizás oscuramente presentida en el mismo planteamiento de la construcción de la historia. Y he dicho que puede darse para que nadie entienda esta breve reflexión como una forma de fatalismo histórico del que es imposible escapar. Aprender del pasado no significa necesariamente negar el futuro, sino más bien ayudar a construirlo.

J. I. González Faus


La mentira y los políticos

Para hablar de ética y sociedad nada mejor que recordar la facilidad con la que mienten algunos políticos. Y para muestra es suficiente un botón. El ex presidente Cristiani, en una de las muchas entrevistas que marcan su retorno a la política activa, ha afirmado que el asesinato de los jesuitas no fue un acto institucional del ejército y que él era amigo del P. Ellacuría. Como las afirmaciones se refieren a un hecho de transcedencia nacional, no es malo que recordemos lo que podríamos llamar elementos de certeza.

El informe de la Comisión de la Verdad, cuyas recomendaciones tenían fuerza de Tratado, asegura que el Jefe del Estado Mayor de la fuerza Armada, dos viceministros de defensa, el jefe de la Fuerza Aérea y el comandante de la Primera Brigada de Infantería, dieron la orden de asesinar al P. Ellacuría y no dejar testigos. Sabiendo que la metodología de trabajo de la Comisión fue sumamente exigente con los elementos de prueba, no se puede decir hoy en día que el crimen no fuera institucional. Tanto el Coronel Benavides, como los 12 oficiales de la Escuela Militar a los que comunicó la orden antes de transmitírsela al comando del Atlacatl que la ejecutó, pensaron también que la orden era institucional, puesto que provenía de las máximas autoridades en el ejército y en conformidad con la cadena institucional de mando.

Lo único que puede explicar que un político inteligente, como parece serlo el Sr. Cristiani, diga a estas alturas que el crimen no era institucional, es el afán de cubrirse las propias espaldas. En efecto, ya conociendo el informe de la Comisión de la Verdad, el entonces presidente Cristiani se negó a dar la baja a los oficiales mencionados, como responsables del crimen, como correspondía en pura lógica civilista y ciudadana. Y no sólo eso, sino que además de prolongar la estadía en el ejército de los autores intelectuales del asesinato de los jesuitas, les concedió honores y distinciones en el momento de su jubilación. Esto, en pura lógica política, se llama encubrimiento de asesinato.

Añadir que Ellacuría era su amigo no hace sino añadir niebla y confusión sobre el asunto. Efectivamente, Ellacuría pensó que en el Cristiani de entonces había talante ético y sintió simpatía por el entonces joven presidente. Pero esto no quiere decir que sea ético el llamar a Ellacuría amigo en la actualidad. Porque la amistad se demuestra tanto en vida como en muerte. Y la negativa del propio Cristiani a investigar a fondo a sus propios mandos militares, así como el encubrimiento posterior de los mismos, muestra que la amistad con Ellacuría estaba claramente supeditada a intereses políticos que en este caso estaban reñidos con la verdad. Es lo que en términos sencillos se podría catalogar como una clara, directa y alevosa traición al amigo.

Como cristiano estoy seguro que desde el seno del Padre, Ellacuría sigue rezando por este país y por el mismo Cristiani. Pero para los que estamos aquí, el título de amigo de Ellacuría no se gana ni mintiendo ni traicionando.

El problema de Cristiani no es sólo problema de él, sino de muchos otros políticos. Es la tendencia a la mentira fácil, que pueda empalmar con la conveniencia política del momento, independientemente de la verdad y de la fidelidad a los hechos históricos. Mientras a nivel ciudadano consintamos que nuestros políticos mezclen tan fácilmente la verdad con la mentira, difícilmente lograremos el desarrollo social que sería justo para un país tan sufrido como el nuestro. Porque la mentira lleva siempre al retroceso histórico y social.

José María Tojeira, S.J.

Rector de la UCA


Ernesto "Che" Guevara, a los 30 años de su muerte

El 8 de octubre de 1967 moría, a los 39 años, en Vallegrande, Bolivia, Ernesto "Che" Guevara. Don Pedro Casaldáliga, que nunca olvida mártires y caídos, escribió el siguiente poema.

Al Che Guevara en su muerte

Y, por fin, me llamó también tu muerte

desde la seca luz de Vallegrande.

Yo, Che, sigo creyendo

en la violencia del Amor: tú mismo

decías que "es preciso endurecerse

sin perder nunca la ternura".

Pero tú me llamaste. También tú.

(Los dolorosos gritos compartidos.

Las múltiples miradas moribundas.

La inerte compasión exasperante.

Las sabias soluciones a distancia…

¡América, los pobres, el tercer mundo ese,

cuando no hay más que un mundo,

de Dios y de los hombres!).

Escucho, al transistor, cómo te canta

la juventud rebelde,

mientras el Araguaia late a mis pies,

como una arteria viva,

transido por la luna casi llena.

Se apaga toda luz. Y es sólo noche.

Me cercan los amigos lejanos, venideros.

("Por lo menos tu ausencia es bien real",

gime otra canción… ¡Oh la Presencia

en Quien yo creo, Che,

a Quien yo vivo,

en Quien yo espero apasionadamente!

…A estas horas tú sabes bastante

de encuentros y respuestas).

Descansa en paz. Y aguarda, ya seguro,

con el pecho curado

del asma del cansancio;

limpio de odio el mirar agonizante;

sin más armas, amigo,

que la espada desnuda de tu muerte.

(Morir siempre es vencer

desde que un día

Alguien murió por todos, como todos,

matado, como muchos…).

Ni los "buenos", de un lado,

ni los "malos" del otro,

entenderán mi canto a tu memoria.

Dirán que soy poeta, simplemente.

Pensarán que la moda me ha podido.

Recordarán que soy un cura "nuevo".

¡Me importa todo igual¡

Somos amigos

y hablo contigo ahora a través de la muerte que nos une;

alargándote un ramo de esperanza,

¡todo un bosque florido

de iberoamericanos jararandás perennes,

querido Che Guevara!

Pedro Casaldáliga


Cuándo y cómo debemos pedir perdón

La Iglesia católica de Francia acaba de pedir perdón a la comunidad judía por su silencio durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial, cuando decenas de miles de judíos, unos 76.000, fueron asesinados. El martes 30 de septiembre, el obispo de SaintñDenis, Oliver Berranger, pronunció un largo discurso en el campo de concentración de Drancy, al norte de París. Estos son algunos de sus pasajes, ligeramente editados:

Durante la ocupación demasiados pastores, con su silencio, ofendieron la misión de la Iglesia. Este silencio fue una falla. Reconocemos que la Iglesia de Francia falló en su misión de educadora de conciencias y porta con el pueblo cristiano la responsabilidad de no haber apoyado las protestas y la protección del pueblo judío... En la ocupación la jerarquía asumió una actitud de conformismo dictada por el temor a las represalias... Aunque entre los cristianos no faltaron actos de valor, la indiferencia ganó a la indignación. Frente a la persecución de judíos, el silencio fue la regla y la palabra a favor de las víctimas la excepción.

Estas son palabras bellas y necesarias. 52 años después de los hechos los obispos imploran "el perdón de Dios y piden al pueblo judío reconocer estas palabras de arrepentimiento". Los judíos, por su parte, recuerdan que "esta petición de perdón tan intensa, tan fuerte y creyente, no podrá ser escuchada más que por los sobrevivientes y sus hijos", pero añaden que "el perdón pedido alivia la carga del resentimiento y aporta un camino nuevo en las relaciones entre ambas religiones".

Bien está, pues, lo que han hecho los obispos franceses, pero surgen preguntas inevitables, y la fundamental es cuándo y cómo debe pedir perdón la jerarquía eclesiástica (y todo el mundo). Y es que hay muchos ejemplos de este arrepentimiento tardío. En 1992 muchos obispos católicos y Juan Pablo II pidieron perdón a los habitantes originarios de América Latina y a los afroamericanos traídos como esclavos de Africa, pero lo hicieron cinco siglos después. Pudiera haber ocurrido mucho antes, con ocasión del Concilio, por ejemplo, pero no fue así, con lo cual siempre queda la pregunta de si la coyuntura (el quinto aniversario) ha sido más eficaz que el arrepentimiento para pedir perdón. En 1616 fue condenada la teoría de Galileo de que la tierra se mueve alrededor del sol, y sólo en 1992, casi cuatro siglos después, el Vaticano "rehabilitó" a Galileo, cuando parece que debiera haber sido al revés: que la Iglesia se dejase rehabilitar por la comunidad científica. Hace pocos años, la conferencia episcopal de Argentina, una de las más conservadoras del continente, ha perdido perdón por su responsabilidad en el terrorismo y asesinatos de la dictadura militar, aunque no se conoce qué se ha hecho con obispos y sacerdotes implicados en aquellas abominaciones.

Visto esto queremos hacer estas breves reflexiones para todos, pero especialmente para la jerarquía eclesiástica, ya que estamos comentando el caso de los obispos franceses.

1. Como dice el catecismo hay que hacer examen de conciencia y confesión de boca. Por ejemplo, si aquí en El Salvador las denuncias que hizo la Conferencia Episcopal (otra cosa fue Mons. Romero y Mons. Rivera) de las aberraciones de militares y escuadrones de la muerte fueron suficientes o no, y qué dijo en su interior cuando eclesiásticos bendecían helicópteros que iban a bombardear población civil.

2. Dolor de corazón por haber ofendido a Dios y al hermano, no sólo para tranquilizar la conciencia, ni menos por oportunismo (para poder celebrar el quinto centenario, por ejemplo).

3. Sobre todo, propósito de enmienda: no repetir el silencio hoy, ni dejar para el futuro la petición de perdón. Quizás la Iglesia pedirá perdón en el futuro por no tomar con la seriedad debida el hambre y la injusticia, por no hacer central en su misión la vida de los pobres y los excluidos. Seguramente pedirá perdón a las mujeres ñcon mayor seriedad con que lo hace ahorañ por la discriminación que sufren dentro de la Iglesia (el día de hoy ni siquiera se puede hablar de su posible ordenación). Quizás pedirá también perdón por dejarse apoderar del miedo a hablar y a dialogar dentro de la Iglesia como hermanos y hermanas, y contagiarlo a sacerdotes, religiosos y laicos.

4. Cumplir la penitencia: cargar con lo oneroso de la penitencia. Es decir, que el perdón algo cueste.

5. Lo decisivo es aprender de la historia y pedir perdón a tiempo, cuando todavía las víctimas puedan perdonarnos.


"No se convertirán ni aunque un muerte resucite"

Críticas a la globalización y al Banco Mundial

En la inauguración de la XXV asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el 30 de septiembre en Río de Janeiro, su presidente Mons. Oscar Rodríguez criticó la globalización económica y el neoliberalismo: "Con la globalización y el neoliberalismo ha aumentado el número de excluidos"; y criticó también "las presiones de organismos internacionales" sobre Latinoamérica, entre los cuales mencionó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. A las periodistas les pidió que se centrasen en asuntos como la mejoría de las condiciones y ofertas de trabajo, salud y educación. "La salud es el mayor capital de los pobres y sin educación es imposible salir de la pobreza".

Por su parte, Amnistía internacional, en una reunión del 30 de septiembre en Hong Kong, afirmó que el Banco Mundial atenta contra los derechos humanos de los países que están en vías de desarrollo. La investigadora de Amnistía, Catherine Baber, dijo que en los últimos años se han acentuado los casos de violación de los derechos humanos en el contexto de los proyectos de desarrollo. Denunció que esos pueblos son las más afectados por los planes del Banco Mundial, debido a que las personas que se organizan para defender los derechos económicos de sus comunidades son sometidas a torturas. Y exigió a las multinacionales que respeten la libertad de expresión, así como los derechos de las poblaciones de los países subdesarrollados, pues los activistas de derechos humanos que organizan protestas contra los proyectos de las multinacionales con frecuencia son objeto de amenazas y arrestos arbitrarios.

Estas denuncias se pueden multiplicar, y periódicamente publicamos algunas de ellas. Ahora queremos hacer algunas reflexiones.

Una, la más obvia, es que las denuncias no parecen tener mucho impacto en quienes rigen la política económica mundial. Nos recuerdan el tiempo de guerra en que, en El Salvador, se denunciaban torturas y masacres, sin que la fuerza armada, el gobierno y Estados Unidos pareciesen inmutarse (aunque esperamos ahora que, como ocurrió entonces, las denuncias al menos alivien algo la situación). Los grandes organismos internacionales hacen simplemente oídos sordos y las cosas siguen su curso. El consejo de seguridad de Naciones Unidas sigue produciendo y controlando el 85 por ciento del armamentismo mundial; y el sistema económico, multinacionales y bancos, siguen imponiendo la globalización y el neoliberalismo. Lo anuncian, incluso, como un nuevo evangelio. Y si alguien exige pruebas de que, efectivamente, se trata de una buena noticia nos remiten a los dragones asiáticos (en crisis ahora) y al 1 o 2 por ciento de crecimiento económico en algún país. Y a todos ofrecen consuelo: "esperen, que ya les llegará el rebalse".

Esto quiere decir que vivimos en tiempos no sólo de mentira y encubrimiento, sino de desfachatez. Es inútil que las denuncias las haga el Papa o el Dalai Dama, un premio Nobel como Rigoberta Menchú o un intelectual como Noam Chomsky: los responsables no se dan por enterados. Por eso hemos titulado este comentario con las palabras de Jesús en la parábola: "No se convencerán ni aunque un muerto resucite". Y persiste, sobre todo, la desfachatez de la realidad que se describe en la parábola: el rico Epulón, que banquetea, y el pobre Lázaro que espera el rebalse: que caigan las migajas de la mesa del rico.

La segunda reflexión es que, cuando esos poderosos nos dicen que no hay alternativa, no lo dicen llorando, por lo cual no acabamos de creer lo que nos dicen, porque si, realmente, no hay alternativa es para llorar. Y al que protesta le piden, prepotentemente, "presentar una alternativa"; incluso lo humilla, pues "no hay protesta sin propuesta", dicen. Sigue la desfachatez.

¿Qué alternativas y qué propuestas les queda a los excluidos? Les queda su palabra que puede ir abriendo pequeños caminos, moviendo la imaginación y aunando voluntades. Esa es, al menos, la esperanza. Y por eso les quieren quitar la voz, o con represión o, más sutilmente, con alienación (los mitos del fútbol, de bodas y funerales, de música y telenovelas).


Don Mónico

Don Mónico es un viejito que vive en el cantón "Plan del Pino". Don Mónico es catequista y enseña el Evangelio desde hace muchos años. Y enseña el Evangelio de manera que, quienes le oyen, comprenden enseguida que lo de Jesús y lo del Reino de Dios consiste en que la gente se quiera "de verdad". Esto significa, entre otras cosas, que, en esta sociedad de El Salvador, tiene que haber más justicia, sobre todo para los que más la necesitan, es decir, los más débiles, los más desamparados, los pobres. Y que tiene que haber más respeto entre todos, especialmente más respeto para aquellos a los que más se les falta al respeto, que desgraciadamente son también los pobres.

Don Mónico tenía tres hijos, que aprendieron estas cosas de su padre. Y se pusieron a practicarlas. Por eso, a los tres los mataron en la guerra. El anciano padre se quedó completamente solo. Pero la cosa no acabó ahí. Cuando terminó la guerra, alguien (¿por equivocación? ¿por malicia?) hizo que a don Mónico lo metieran en la cárcel. Así, don Mónico terminó en el penal de Mariona. Y allí, en vez de amargarse o hundirse en el resentimiento, don Mónico se puso a "lo suyo": enseñar el Evangelio. Los presos le escuchaban entusiasmados, porque decían que nadie les había explicado lo de Dios como lo explicaba don Mónico. Hasta que un día llegó a Mariona la noticia de que don Mónico no tenía delito alguno y se podía ir a la calle. Pero entonces ocurrió lo que nadie se imagina. Don Mónico dijo que no se iba de Mariona, porque si él se marchaba a su casa, ¿quién les iba a explicar el Evangelio a sus compañeros de la prisión? Costó trabajo covencerle que no podía seguir en la cárcel.

Personas como don Mónico (hay muchas de esa calidad, sin que casi nadie lo sepa) son las que hacen que El Salvador sea un país grande y digno de respeto. Personas así son la solución (la única solución verdadera) que necesita esta Iglesia nuestra, aquejada de tantos problemas.