Carta a las Iglesias, AÑO XIX, Nº 421, 1–15 de marzo de 1999

 

Cuaresma y elecciones

 

En la presente quincena hemos asistido a los últimos actos de la propaganda electoral de los diferentes partidos, a las elecciones mismas a Presidente de la República y a las primeras reacciones ante los resultados electorales.

No vamos a insistir aquí en el tema ya que lo hemos tratado en varios números y en este mismo número es objeto de la Realidad Nacional.

Parece como si cuando se acercan una elecciones el tópico de la mayoría de los partidos políticos en su propaganda es el cambio. Todos hablan de cambiar, de mejorar, de avanzar. Y esto parece importante, porque por poco abiertos que tengamos los ojos a lo que pasa a nuestro alrededor nos damos cuenta de que las cosas no pueden seguir igual que hasta el presente.

Los acuerdos de paz firmados hace ya algunos años tuvieron la capacidad de crear muchas expectativas y de llenar de ilusión y esperanza al conjunto de la sociedad salvadoreña y de la región centroamericana. Una guerra fratricida había quedado atrás y se vislumbraba una nueva era con condiciones personales, sociales, políticas y económicas muy diferentes a las que habían provocado el conflicto. Los mismos acuerdos de paz daban pie a pensar que las cosas iban a cambiar de verdad, que se iba a dar una instauración de una democracia real —no sólo formal— y participativa, que se iba a desmilitarizar la sociedad, que se iba a formar una policía auténticamente civil y respetuosa de los derechos humanos, que se iba a reformar en profundidad todo lo referente a la administración de la justicia, que se iban a crear unas estructuras económicas que ayudasen a un reparto social de la riqueza existente en el país.

Está claro que no se puede decir que no haya cambiado nada; es verdad que se han dado mejoras en algunos aspectos de la vida nacional. Pero no es menos verdad que cuanto mayores han sido las expectativas, mayores han sido también las frustraciones y el sentimiento de fracaso.

En todas las encuestas de la opinión pública hechas a raíz de las elecciones, y anteriormente, queda patente que la mayoría de las personas piensa que no se puede seguir igual como hasta ahora en temas como el del empobrecimiento económico de las mayorías relacionado con el acaparamiento de la riqueza nacional por parte de algunos, el de la violencia e inseguridad generalizadas, el de la indefensa de los derechos humanos, el de la defectuosa administración de la justicia, etc. El clamor por que las cosas no sigan igual es grande, aunque a muchas personas les cueste percibirlo.

En este contexto, nos hallamos ya a la mitad de nuestro camino cuaresmal, un camino de preparación para las grandes celebraciones de la Semana Santa, la muerte y resurrección de Jesús, un camino que tiene que ver también con el cambio y la conversión radical de las estructuras personales y sociales.

Algunas personas se pueden preguntar por qué los cristianos repetimos año tras año este camino y estas celebraciones. Sencillamente porque nuestro modo de ser y de actuar humano lo exigen. Efectivamente, el dinamismo cristiano se realiza gracias a la tensión existente entre el horizonte hacia el que se camina y las vicisitudes, obstáculos y pasos dados en ese camino. Dicho de otro modo, el cristiano es consciente que en este camino que va haciendo nunca se puede conformar con seguir igual sino que debe siempre dejarse atraer por aquel horizonte, siguiendo aquel dicho de que "quien no avanza, retrocede".

Y esto es lo que pretendemos con la cuaresma y las celebraciones pascuales de la Semana Santa. Efectivamente, durante la cuaresma solemos leer con frecuencia páginas selectas de los profetas, tanto aquellas en que los profetas nos ponen delante aquello que Dios quiere de las personas humanas y de la sociedad como las que nos recuerdan cuán lejos estamos de alcanzar dicha voluntad. En todas ellas está presente la necesidad de cambio y de conversión.

Entre las páginas proféticas sobre aquella realidad que Dios sueña y quiere para la humanidad encontramos aquellas que algunas personas consideran utopía irrealizable y que, sin embargo, son como el horizonte de una vida auténticamente humana, y por tanto divina. En palabras de Amós, por ejemplo, se trata de buscar al Señor..., buscar el bien y no el mal..., amar el bien..., implantar la justicia en los tribunales. Oseas, por su parte, pone como ideal de la relación amorosa con Dios el fundamentar ésta en la justicia, el derecho, la ternura, la compasión, la fidelidad, el conocimiento profundo. Isaías exhorta, en nombre de Dios, a aprender a hacer el bien, a buscar lo justo, a dar sus derechos al oprimido, a hacer justicia al huérfano y defender a la viuda. Y el mismo Isaías ve el futuro ideal de la humanidad como un mundo en el que ya no haya opresión alguna entre los seres humanos y entre las naciones, en el que ya no existan ni guerras ni ejércitos, en el que los jueces juzguen con rectitud en los pleitos entre fuertes y débiles, en el que se inicie una nueva situación de paz entre todos los seres de la creación. También Miqueas habla de un Dios que se compromete con la humanidad a extirpar todas aquellas estructuras divinizadas de fuerza y poderío, como serían las armas de guerra, los carros de combate, las fortalezas y todas las demás formas de idolatría; un Dios quien, por otra parte, aclara una y otra vez que lo que le gusta a Dios es que se practique la justicia, que se ame con ternura y que se camine día a día en la compañía del Señor. Jeremías, cuando el pueblo de Dios ya ha comenzado a sufrir los desastres de la guerra y de la descomposición social, nos recoge la promesa de Dios de recoger a los sobrevivientes de su pueblo, de poner al frente de ellos buenos pastores que cuiden de ellos y les den seguridad, de apostar por unos gobernantes cuya preocupación máxima sea la justicia y la paz, de sellar con su pueblo una "nueva" alianza inscrita en su corazón. Ezequiel vuelve a usar la imagen del pastor al afirmar que Dios mismo cuidará de su rebaño y lo velará, que apacentará sus ovejas y las llevará a reposar, que buscará a la perdida, llevará de nuevo al camino a la descarriada, curará a la herida, confortará a la débil, hará justicia entre ellas, hará alianza con ellas, pactará con la naturaleza para que dé su fruto, acabará con toda forma de opresión, pondrá en el interior de los hombres y mujeres un corazón de carne. Y el Segundo y el Tercer Isaías, en los difíciles tiempos del exilio y del postexilio hablan de un Dios que envía a sus profetas para dar la buena nueva a los pobres, vendar los corazones rotos, anunciar a los esclavizados la liberación; de un Dios que pone como camino de relación auténtica con él destruir toda maldad, liberar de toda opresión, partir con el hambriento el pan, recibir en casa a los que no la tienen, vestir a los desnudos y hacerse próximo al que está en necesidad.

Este es el horizonte al que se nos llama a caminar a lo largo de toda nuestra vida. Pero, como decíamos antes, también los profetas nos recuerdan en la cuaresma aquellas actitudes y actuaciones de las que debemos convertirnos a fondo para poder avanzar hacia el horizonte humano antes señalado. Son numerosas las páginas proféticas que nos las recuerdan.

Nos hablan, en primer lugar, de que la seguridad y confianza puestas en las fuerzas divinizadas de las naciones y/o de sus armas, son totalmente vacías y de nada sirven; se debe renunciar por tanto a ellas.

Nos hablan, a continuación, de que tampoco es una base fiable el creerse privilegiados y elegidos por Dios, rechazando en consecuencia a quienes son considerados oficialmente como ajenos y alejados de Dios.

Nos hablan, en tercer lugar, del acaparamiento de los bienes y de la tierra por parte de unos pocos produciendo así el empobrecimiento y la caída en la esclavitud de la mayoría, situación a la que se llega por los impuestos injustos, por la ambición y el egoísmo, por la injusticia de los jueces en los tribunales, por los fraudes comerciales, por el trabajo no pagado o mal pagado.

Nos hablan, finalmente, del ocultamiento y enmascaramiento de todo lo anterior bajo la exterioridad de una concepción y unos actos religiosos separados totalmente de la vida diaria y, en especial, de la vida fraternal.

La llamada profética, por tanto, es a convertirse totalmente de lo anterior, a cambiar totalmente de conducta y de actitudes, de modo que se pueda ser testimonio alternativo de vida frente a tantos estilos de ser y de actuar que ocultan o falsean la presencia de Dios en la vida humana y en la historia de los pueblos.

Es indudable que estas páginas proféticas son muy iluminadoras no sólo en relación a la vida de cada persona en este camino cuaresmal sino también en este camino social hacia una situación de mayor y más digna vida.

Las elecciones pueden significar una realidad llena de palabras, de promesas de cambio, pero de total inmovilismo, o bien pueden ser un momento de reflexión profunda sobre la realidad social que Dios sueña, un momento de acción a favor de una vida digna y humana para todos los que formamos la sociedad. Tener en cuenta las llamadas proféticas nos puede llevar a esto último; rechazarlas significa condenarnos a seguir haciendo una sociedad llena de diferencias, de injusticias de faltas de fraternidad, de insolidaridades.

En el presente número de Carta a las Iglesias recogemos también otros testimonios proféticos que sin duda pueden resultar iluminadores para estos momentos en torno a las elecciones y al camino cuaresmal de los cristianos.

Dom Helder Cámara, Monseñor Juan José Gerardi, la palabra de la Conferencia Episcopal de Guatemala, la vida y muerte del P. Fermín Sainz, y tantas otras personas y realidades parecidas nos pueden ayudar a vivir cristianamente nuestra Cuaresma y nuestra realidad política y social.

No podemos acabar esta editorial sin recordar que en estos días hemos estado celebrando el XXII aniversario de la muerte martirial del P. Rutilio Grande, Manuel y Nelson. Sus palabras, sus hechos, su vida y su muerte siguen siendo también fuerte llamada cuaresmal a la conversión para construir entre todos y todas una sociedad que sea signo del Reino de Dios, en la que todos y todas podamos sentarnos sobre un taburete, junto a una misma mesa, y tengamos la tortilla con su conqué, como soñaba proféticamente el Padre Rutilio.

  

 


 

Democracia y participación en las plataformas del FMLN-USC y ARENA

ARENA miente sobre el debate presidencial

 

FMLN-USC: "Más democracia y mayor participación ciudadana"

Este es el nombre del capítulo uno del "área política" de la plataforma del FMLN-USC. Se plantean allí políticas para: la modernización del sistema político, el fortalecimiento de la participación ciudadana, la efectiva competencia e independencia de los poderes públicos y el acceso ciudadano a la información. Sumado a esto, cabe señalar la "política para la descentralización del Estado", contemplada en el capítulo dos de esa misma área.

En cuanto a la modernización del sistema político, las propuestas son: a) implementar una reforma al sistema de representación política para alcanzar un efectivo ejercicio del sufragio; b) democratizar el sistema electoral y hacerlo creíble y confiable; c) institucionalizar el Voto Residencial; d) implementar un sistema de participación proporcional en los Consejos Municipales; e) legitimar la aceptación de candidaturas no adscritas a partidos políticos en el ámbito municipal; f) transformar el Tribunal Supremo Electoral en un organismo profesional e independiente; g) garantizar la obtención del documento único de identidad; y h) promover la aprobación de una ley de partidos políticos que asegure la democracia interna y la transparencia en el manejo de los fondos.

A nivel de fortalecimiento de la participación ciudadana se propone: a) promover la plena libertad de asociación y la libertad de las organizaciones sociales; b) promover una ley de participación ciudadana; c) abrir espacio para una adecuada fiscalización ciudadana de la cuestión pública; d) actualización de la Ley de ONG’s y de otras iniciativas ciudadanas; y e) promover el ejercicio de la democracia directa y semi-directa por medio del referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular. En materia de competencia e independencia de poderes, las medidas a tomar serían: a) impulsar un combate frontal y permanente contra la corrupción y erradicar el clientelismo y la impunidad; b) implementar un proyecto dirigido a viabilizar la reforma judicial pactada en los Acuerdos de Paz; y c) fortalecer la independencia de los organismos de Contraloría Estatal.

Para favorecer el acceso de la ciudadanía a la información se propone: a) asegurar la apertura a la información y la libre competencia de los medios de comunicación; b) garantizar el derecho de respuesta como componente fundamental del respeto a los derechos humanos en los medios de comunicación; c) respetar las garantías y los derechos de los profesionales de la comunicación; d) el estado de las Finanzas Públicas se divulgará periódicamente sobre la base de un calendario de publicaciones; y e) los anteproyectos de ley más importantes serán publicados para que la ciudadanía opine previamente a su aprobación.

Finalmente, en lo que respecta a la descentralización del Estado, el plan de gobierno en cuestión propone: a) otorgar a cada territorio mayor capacidad de gestión y posibilidades de viabilizar un proceso de desarrollo equitativo y sustentable; b) promover la Ley Especial de Descentralización y la Ley de Ordenamiento Territorial, entre otras; c) implementar la transformación del gobierno central y redefinir todo el aparato ministerial; d) proponer las modificaciones necesarias para los otros poderes del Estado; e) rediseñar el sistema de ingresos y transferencias de los municipios y crear el impuesto predial; además, crear un sistema nacional de crédito y fondos de contrapartida para el fomento municipal y regional; y f) crear una instancia nacional, plural y representativa, que sea la responsable de orientar y conducir el proceso.

 

ARENA: "Participación local y descentralización"

En la "Alianza Solidaria" de la plataforma de ARENA, es el apartado "participación local y descentralización" el que compete a este resumen. En él se señalan los objetivos específicos siguientes: "avanzar en el proceso de consolidación de la democracia", "fortalecer las instancias locales en las que se delegan funciones para garantizar el éxito de la descentralización, "que los usuarios se beneficien con servicios de mayor calidad" y "acercar los servicios a la ciudadanía".

Para concretar tales objetivos se propone: a) establecer mecanismos de coordinación entre el gobierno central y los gobiernos locales para garantizar una efectiva ejecución de la inversión pública; b) transferir recursos del gobierno central a las municipalidades, para el desarrollo de proyectos de infraestructura de servicios sociales; c) promover la participación social y la corresponsabilidad en la prestación de servicios básicos, tales como caminos, telefonía, electrificación rural, agua, saneamiento, salud, cultura, recreación y deportes; d) institucionalizar mecanismos de supervisión y auditoría social en la provisión de servicios públicos; y e) crear mecanismos para fortalecer vínculos de salvadoreños en el exterior con sus comunidades de origen.

Consideraciones

De todos los aspectos tratados en las plataformas de ARENA y del FMLN-USC es en el tema de democratización y participación ciudadana en el que las diferencias saltan más claramente a la vista. Es evidente que mientras la coalición considera el tema de la consolidación de la democracia tan importante como para dedicarle un área entera —el área política—, el partido oficial soslaya la relevancia de la problemática, omitiendo por completo el planteamiento de puntos que la aborden de manera específica.

Pero la evasión de este tema por parte de ARENA —que reduce la descentralización al problema de la prestación de servicios básicos y parece proponer que sean los mismos municipios los que tengan que arreglárselas para obtenerlos— no extraña si se tiene en cuenta que tanto el Presidente Calderón Sol como los demás funcionarios areneros no han hecho más en los últimos diez años que vanagloriarse de lo mucho que, gracias a ellos, ha avanzado el sistema político salvadoreño.

Así pues, es positivo el hecho de que en el plan de gobierno del FMLN-USC figuren con tanto detalle las propuestas en materia de institucionalización democrática, tanto porque las propuestas mismas sirven de diagnóstico y denuncian lo mucho que falta por avanzar en ese aspecto —contradiciendo lo que el partido gobernante quiere hacer creer con sus discursos y con su actitud—, como porque es alentador que la segunda fuerza política del país parezca tomarse en serio el reto que la mencionada problemática supone.

 

La aclaración pública de ARENA sobre el debate presidencial

Una deferencia hacia Canal 12, llevó al Comité de prensa de ARENA a publicar, el 28 de febrero de 1999, una "Aclaración necesaria", en la cual conviene detenerse, pues es una muestra de hasta dónde está dispuesto a llegar Flores en su compromiso con la democratización de El Salvador. En la "Aclaración" se exponen los "principios que hemos tenido siempre con respecto al tema". Examinemos esos principios y contrastémoslos con la realidad.

Primer principio: "Que un debate, para que sea práctico, debe darse entre la primera y segunda fuerza política del país". Pues bien, según los resultados de las últimas elecciones y según los sondeos de opinión más serios realizados en los últimos meses, la primera fuerza política del país es ARENA y la segunda es el FMLN. A sabiendas de esto, el Comité organizador del "Diálogo presidencial" trabajó en los aspectos metodológicos iniciales que permitieran un encuentro entre los candidatos a la presidencia de ambos institutos políticos. En este sentido, este "principio" defendido por ARENA fue cumplido desde un primer momento por los organizadores de este evento cívico; tanto Francisco Flores como Facundo Guardado fueron informados oportunamente al respecto.

Segundo principio: "que tanto el moderador, los panelistas, como el lugar y el día del debate, deben ser del consenso de ambos candidatos y no impuestos por terceras personas". Este principio también iba a ser cumplido por la Comisión organizadora del "Diálogo presidencial"; para hacerlo realidad se solicitó formalmente a cada uno de los candidatos la designación de un miembro del partido que trabajara con la Comisión en los diversos aspectos del debate. Sólo Facundo Guardado hizo eco de la invitación; Flores ni siquiera se dio por aludido. El "principio" defendido por el Comité de Prensa de ARENA no se podía llevar a la práctica si el partido no estaba dispuesto a involucrar a uno de sus miembros en los preparativos de un evento que requería, para realizarse, del consenso de ambos candidatos. Para lograr consensos —eso parecen no saberlo Flores y sus asesores— se tiene primero que conversar.

Tercer principio: "Que deben debatirse ideas, programas de gobierno y aspectos de interés nacional, con toda seriedad y profundidad". Precisamente, uno de los propósitos expresos del "Diálogo presidencial" era ése; es decir, convertirse en un espacio en el cual los candidatos, interrogados por un selecto grupo de panelistas, expondrían con seriedad y profundidad sus planteamientos sobre los principales problemas del país. Más que nadie, el Comité organizador del "Diálogo presidencial" y las instituciones convocantes estaban interesados en la altura del encuentro entre Flores y Guardado; este interés se afincaba en su compromiso decidido con el fortalecimiento de la democracia en El Salvador. Este propósito fue del conocimiento de ambos candidatos; sólo uno de ellos aceptó comprometerse en este esfuerzo.

En fin, uno a uno los "principios" sostenidos por ARENA para que su candidato no participe en un debate presidencial traicionan la verdad de modo abierto. Cabría esperar actitudes más serias de un partido que aspira a gobernar el país por cinco años más; cabría esperar mayor responsabilidad de un candidato que se precia de su altura moral, su educación y su civilidad. Las figuras políticas deberían tener como norma de conducta un respeto mínimo por la verdad. Cuando los políticos o sus partidos faltan maliciosamente a la verdad, algo grave está pasando con los valores éticos más elementales. La posición pública de ARENA traiciona flagrantemente la verdad, pues los "principios" sostenidos por ese partido, como se ha visto, fueron cumplidos por el Comité organizador del "Diálogo presidencial" y Francisco Flores sencillamente ignoró esa invitación a debatir. Es decir, ARENA y su candidato han actuado de modo contrario a lo que se expresa en la "Aclaración necesaria", por lo cual la misma no es más que una "mentira pública".

 

 


 

Un hombre bueno que hizo el bien

  

Extracto de la homilía del P. Francisco Javier Ibisate, S.J., con ocasión de la misa en la capilla de la UCA, el día del entierro del P. Fermín Sainz, S.J., fallecido el domingo, 28 de febrero de 1999.

 

Me han pedido decir unas palabras sobre el P. Fermín, y hablar del P. Fermín es siempre agradable, aunque uno puede emocionarse. Me he puesto una estola blanca con dos cruces rojas, porque veo la vida del P. Fermín dividida en dos grandes etapas. La primera etapa es su vida plena pastoral-científica; en ella yo resumiría la imagen del P. Fermín como el hombre bueno que pasó haciendo el bien. Ha sido un hombre que se ha hecho querer de todos porque él quería a todas las personas que trató en su vida. Irradiaba bondad. La segunda etapa de su vida, reflejada en estas dos cruces, fue su largo martirio blanco de una misteriosa enfermedad (deformación del cerebelo), que durante siete años le fue mermando sus funciones locomotoras y poco a poco toda la movilidad de sus miembros. Un prolongado vía-crucis que lo acarreó con una serenidad humana y una profundidad espiritual, que nos ha dejado maravillados.

La actividad apostólica del P. Fermín, ya sacerdote, se inició en el Seminario San José de la Montaña; profesor, prefecto de estudios y de disciplina, también encargado de los deportes de los seminaristas. Agradecemos a Mons. Gregorio Rosa, entonces alumno del P. Fermín y hoy Obispo Auxiliar de San Salvador, el que haya aceptado gustosamente presidir esta eucaristía. Los sacerdotes de cierta edad recuerdan con cariño al P. Fermín.

Fue en ese Seminario San José de la Montaña donde el P. Fermín experimentó una dura prueba o adversidad. La Conferencia Episcopal de El Salvador determinó hacerse cargo de la formación de los nuevos seminaristas, que hasta ese momento habían dirigido los padres jesuitas por varias décadas. El P. Fermín fue uno de los últimos padres en dejar el Seminario. Quiero resaltar que jamás le oímos una crítica al P. Fermín sobre estos hechos. Es un detalle que nos ha llamado la atención a sus compañeros de comunidad el que jamás le oímos al P. Fermín criticar negativamente a ninguna persona. Si salía la conversación sobre alguna persona no grata, todo el comentario del P. Fermín era una sonrisa interrogativa.

Creo que en este detalle aparece otro aspecto de ese prisma multifacético que ha sido el P. Fermín. Era al mismo tiempo sacerdote y psicólogo, hombre hecho para escuchar, diagnosticar y descubrir el lado oscuro o gris de cada persona, para llevarlo de lo gris y problemático hacia la tranquilidad personal. Juntaba la ciencia con la paciencia, volviendo a atender a las mismas personas, que pudieran testimoniar y lo están haciendo, agradeciendo estos prolongados servicios.

Además de formador de sacerdotes, el P. Fermín dedicó su trabajo pastoral por más de 35 años a la colonia marginal Las Palmas o el Manguito. Pronto la labor pastoral se fue combinando con la ayuda material: construcción de la casa comunal, conexión de agua para lavar la ropa, carpintería para hacer muebles y ataúdes sencillos. El P. Fermín recibió para ello ayuda de un buen grupo de buenas mujeres. Con ocasión del Congreso Eucarístico él fundó la asociación del Divino Salvador, "las divinas", a las que fue conduciendo desde su espiritualidad personal a una acción social de servicio personal y de aporte financiero a favor de esta colonia. Todo ese esfuerzo se vio apoyado por FUNDASAL, en un proyecto de urbanización de toda esa colonia de casas hacinadas y de material deleble. Cuando subíamos a verlo en el Centro Loyola y le poníamos al tanto de toda la marcha pastoral, de las personas y de los avances de la urbanización, el P. Fermín seguía todos los detalles, con movimientos de la cabeza, ya que no podía hablar.

Sería largo detallar el servicio profundamente académico como profesor de psicología en la UCA. Una vez más se combinaba en él el talante sacerdotal con el prestigio académico como doctor en psicología y especialista en Jung y transmitía esa simbiosis de psicología-espiritualidad a sus alumnos. El era un pilar en ese departamento, donde trabajaron al unísono los PP. Luis Achaerandio, Fermín y Nacho Martín-Baró, junto con otros acreditados docentes seglares. El P. Fermín no era el simple docente, sino el consultor y orientador de este alumnado. Incluso les interpretaba a los alumnos los sueños que, por escrito le entregaban, al estilo del libro de Daniel.

Necesariamente tengo que decir dos palabras sobre Fermín, miembro de la comunidad. En las décadas de los setenta y ochenta nos tocó pasar épocas muy tensas a raíz de los ataques escritos, hablados y luego traducidos en unas 28 bombas que hicieron explosión en el campus de la UCA. En 1977 nos conminaron para dejar El Salvador so pena de amenazas de muerte. Varias veces catearon nuestras casas. También algunas antiguas amistades se fueron distanciando por todas las acusaciones contra la UCA. Fue un privilegio, en esos años, contar en la comunidad con personas como el P. Fermín que siempre nos fortalecía para seguir rectos en la misión emprendida.

Por añadidura Fermín era un gran conocedor y vivenciador de la música clásica y del mundo de la ópera. El P. Fermín, que había sido portero de fútbol desde el colegio, disfrutaba viendo los partidos de pelota vasca y de fútbol en la tele. Dos aficiones que le ayudaron mucho cuando la enfermedad lo ancló en su cama y sillón de ruedas. Quiero recordar que en cierto año se organizó un partido de fútbol en la cancha del Externado entre padres cincuentones y nuestros jóvenes filósofos y teólogos. El P. Fermín, con más de sesenta años, nos custodió la portería y ganamos por tres a dos: la experiencia se impuso a la energía.

Una última escena de su vida activa, y que no se puede olvidar, es el 16 de noviembre de 1989, cuando D. Obdulio nos vino a decir bien temprano :" esta noche han matado a los padres de la UCA, a mi mujer y a mi hija..." Los seis padres que estábamos en la casa pasamos a la UCA, nos encontramos con la escena tantas veces televisada. Al P. Fermín le correspondió encargarse de preparar los cadáveres en la funeraria, atender a tantos visitantes conocidos, participar en la conferencia de prensa que dio el P. Chema por la tarde, y luego de acompañar y proteger a nuestra testigo, Lucía, en la embajada de España y en la salida al aeropuerto. Es una de las imágenes que cierra la vida activa del P. Fermín.

La segunda etapa de su vida comenzó hace siete años, la etapa del siervo doliente de Yahvé. A raíz de ese disfuncionamiento del cerebelo (un caso entre el millón, dijo un especialista) fue perdiendo progresivamente sus funciones locomotoras y luego los movimientos normales de todos sus miembros. Lo vieron algunos especialistas y diagnosticaron un lento entorpecimiento de sus funciones vitales. El P. Fermín ha conservado hasta el último momento el conocimiento, su plena razón, que últimamente sólo podía expresarse con su mirada y unos leves apretones de manos. Ha sido sin duda un via crucis el sentir que ya no podía escribir a máquina, para transmitir los trabajos–investigaciones que tenía preparadas y más tarde no poder ni siquiera dictar en grabadora. Quién había ayudado a tantas personas, se tenía que dejar ayudar para todo de sus enfermeras, agradeciendo con una sonrisa las visitas, que incluso a veces no se debían prolongar

El P. Fermín pasó estos cinco últimos años en el Centro Loyola, que él fundó, ayudado de algunas buenas mujeres, que también le habían colaborado en sus anteriores obras apostólicas. El P. Fermín fundó el Centro Loyola para que se expandieran los ejercicios de San Ignacio, los retiros espirituales, las reuniones matrimoniales, retiros de los colegios y de otras asociaciones sin fin lucrativo.

Ayer se nos fue el P. Fermín y la frase que nos sale de los labios es :"descanse en paz". Fue ejemplar y querido de todos en sus años de tanta actividad pastoral, científica, psicológica, y creo que ha sido más probadamente ejemplar en su prolongado martirio blanco. Esa aceptación cristiana de verse físicamente reducido a la nulidad, con pleno conocimiento y plena razón, agradeciendo las visitas, con una carcajada cuando aún podía, con una leve sonrisa cuando la respiración no le permitía más. Se extinguió suavemente. Termino con una sencilla expresión: "Fermín ha sido un fuera de serie".

 

 


 

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Guatemala

¡Conviértete, y cree en el evangelio!

 

Introducción: Los Obispos de Guatemala, al finalizar nuestra Asamblea Plenaria anual nos dirigimos a ustedes, hermanos y hermanas católicos, y a toda persona de buena voluntad, con las palabras de Jesucristo Nuestro Señor: "He aquí que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). Esta presencia misteriosa de Cristo en su Iglesia nos fortalece, nos anima y nos hace conscientes de que estamos llamados a continuar su misión en esta querida tierra.

 

A este propósito nos reunimos para estudiar con atención la exhortación apostólica postsinodal del Papa Juan Pablo II, "La Iglesia en América", en la que él ofrece los puntos centrales de un programa evangelizador, después de haber escuchado las propuestas que numerosos obispos de toda América elaboraron durante la celebración del Sínodo de los Obispos, Asamblea especial para América, en Roma, en los meses de noviembre y diciembre de 1997. Nuestra intención fue revisar nuestro trabajo pastoral en la Iglesia Católica en Guatemala y adaptarlo a dichas líneas programáticas.

A la luz de la exhortación pontificia afirmamos que la nueva evangelización, urgente en Guatemala, si parte de un encuentro personal con Cristo, deberá dar como fruto una verdadera conversión. "Las iglesias particulares, y en ellas cada uno de sus miembros, descubrirán, a través de la propia experiencia espiritual, que el "encuentro con Jesucristo vivo" es "camino para la conversión, la comunión y la solidaridad". Y, en la medida en que estas metas vayan siendo alcanzadas, será posible una dedicación cada vez mayor a la nueva evangelización de América" (n. 7).

La cuaresma, en la que estamos, es el tiempo propicio para convertirnos, para cambiar de mentalidad y transformar nuestro propio modo de actuar y el de toda la sociedad guatemalteca a la luz de los criterios evangélicos. En este sentido, con un vivo sentimiento de esperanza en la buena acogida a nuestras palabras queremos señalar aquellos aspectos en los cuales la sociedad guatemalteca debe cambiar profundamente:

  1. Dentro de algunas semanas conmemoraremos el primer aniversario del vil asesinato contra nuestro hermano obispo Juan José Gerardi Conedera. Este hecho, que conmovió la conciencia de muchos guatemaltecos, ha puesto en evidencia la fuerza poderosa de la impunidad, la falta de voluntad política verdadera de parte de quienes están obligados a cumplir con la justicia para esclarecerlo y la facilidad con la que se tergiversan los hechos y se usan las personas inocentes para encubrir a los verdaderos responsables. Pero sobre todo demuestra que la corrupción y la injusticia corroen nuestra nación.

2. Los obispos de Guatemala, una vez más, exigimos en nombre de Jesucristo, la Verdad única, que se continúe con seriedad y sin temor alguno en las pesquisas para el esclarecimiento pleno de este hecho de sangre deleznable y vergonzoso. Nunca hemos pactado ni pactaremos con nadie para traicionar la verdad. Las intimidaciones y amenazas por parte de los "hijos de las tinieblas" no deben frenar el avance de la justicia. A ellos les exhortamos: cambien de vida. Sean hijos de la luz. Ahora es el tiempo de la conversión. Dios no quiere su muerte, sino que se conviertan y vivan.

3. La persistencia de la corrupción y la impunidad, junto a la deficiencia de un auténtico régimen de justicia, inciden enormemente, aunque no las justifican, en los brotes de violencia y de frustración de la población, la que, en actitudes absurdas e irracionales, ha linchado a seres humanos en distintos lugares del país. Inspirados en el evangelio de Jesús, les urgimos: ¡No maten! Nadie tiene el derecho de quitarle la vida al prójimo. ¡No hagan a los demás lo que no quieren que les hagan a ustedes!

4. Asimismo la imposición de normas de política económica, que fortalecen las estructuras injustas de nuestra realidad nacional y aumentan en forma acelerada el empobrecimiento de nuestro pueblo, va contra el evangelio de Jesús, que nos pide no amontonar tesoros en la tierra ni mucho menos enriquecernos a costa de la pobreza y de la miseria de las grandes mayorías. Para quienes amontonan riquezas en este país aprovechándose de los demás y amparándose en el sistema económico imperante, las palabras de Jesús son tajantes: No pongan su confianza en los bienes de este mundo. No caigan en la tentación de la avaricia y la ambición. Compartan sus riquezas con los más necesitados, sean justos en sus relaciones económicas (cfr. Mt 6, 19–21).

5. En pocos meses los guatemaltecos tendremos la oportunidad de participar en una consulta popular. Dicha consulta es la base legal con la cual se busca transformar la estructura jurídica y política de Guatemala en conformidad con los Acuerdos de Paz. Cada ciudadano podrá ratificar o impugnar los cambios propuestos. A este efecto, ningún ciudadano debe dejar pasar esta oportunidad para cumplir con responsabilidad su compromiso con la patria. Por lo que exhortamos a que todos y todas, si todavía no se han empadronado, lo hagan cuanto antes.

El Reino de Dios comienza ya en este mundo y en la medida en que una sociedad sea más justa, más participativa, más respetuosa de los derechos humanos y más cumplidora de sus obligaciones morales, más estará cumpliendo el proyecto de Dios sobre la humanidad.

6. La reciente publicación del informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico pone ante los ojos del mundo y de Guatemala el abismo profundo de deshumanización y deterioro de los valores morales, en el que nuestra patria ha caído. La "Memoria del Silencio" corrobora lo que ya antes, los Obispos de Guatemala, con la realización del proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) habíamos señalado.

El dolor de las víctimas, los atropellos a la dignidad humana, la pérdida de la conciencia moral en los victimarios nos urgen a encontrar los caminos necesarios para favorecer la observancia de los derechos humanos, fomentar una cultura de respeto mutuo y favorecer la paz y la concordia nacional en Guatemala.

7. Este compromiso, para quienes nos llamamos discípulos de Jesús, nace de la fe y la esperanza en el poder salvador de la resurrección del Señor. Gracias al poder de la resurrección de Jesús, vivimos la comunión con Dios y con los demás y tenemos la fuerza para desterrar de nosotros todo lo que nos divide, nos enfrenta y nos debilita.

De esta comunión nace como fruto hermoso la solidaridad, con la cual abrimos nuestro corazón a los más pobres y excluidos.

Esta solidaridad y comunión nos empujan a luchar con fortaleza contra la cultura de la muerte y la fuerza del egoísmo que domina nuestra sociedad, es decir, contra el racismo y la actitud excluyente, contra la corrupción y la impunidad, la drogadicción, el narcotráfico, el uso de las armas, el afán desmedido de riquezas, el deseo del placer desordenado para ser defensores y artífices de la cultura de la vida y de la paz.

Que María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos guíe con su intercesión materna y nos alcance de Dios Padre la efusión del Espíritu Santo.

Guatemala de la Asunción, 28 de febrero de 1999

 

 

+Víctor Hugo Martínez Contreras

Arzobispo de los Altos: Quetzaltenango-Totonicapán

Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala

 

+Pablo Vizcaíno Prado

Obispo de Suchitepéquez-Retalhuleu

Secretario de la Conferencia Episcopal de Guatemala

 

 


 

Pesadilla llega a su final

 

El sacerdote guatemalteco Mario Orantes recobró su libertad, 209 días después de haber sido detenido como sospechoso del asesinato del obispo Juan Gerardi y a 118 después de haber sido acusado formalmente del crimen por el Ministerio Público (MP).

El Juez Segundo de Primera Instancia Penal, Henry Monroy, ordenó hoy la libertad del sacerdote y la clausura provisional del proceso que se había abierto para esclarecer el crimen de Gerardi, perpetrado el 26 de abril de 1998 en el garaje de la casa parroquial de la iglesia San Sebastián, en esta capital.

Orantes lleva 74 días de estar hospitalizado en el centro privado "Ciudad Vieja" por su estado delicado de salud, en donde ha recibido la información de su excarcelación.

La cronología de la pesadilla que le ha tocado vivir al sacerdote, quien era auxiliar del obispo Gerardi en San Sebastián, es la siguiente:

1998

22 de julio: Orantes es detenido, en un gran despliegue policial, como sospechoso del crimen del obispo, lo que causó sorpresa en toda la comunidad nacional e internacional.

27 de julio: el Juez Isaías Figueroa ordena el procesamiento de Orantes por el delito de asesinato.

6 de agosto: el sacerdote abandona el Centro Preventivo para hombres de la zona 10, de la capital, para ingresar en el Hospital Nacional San Juan de Dios, por fuertes dolores de cabeza.

1 de septiembre: Orantes asegura en una carta que escribió a mano en la prisión que es inocente del crimen del obispo y pide a las autoridades que capturen a los verdaderos responsables.

21 de octubre: El fiscal especial Otto Ardón acusa formalmente ante los tribunales al sacerdote del delito de asesinato.

21 de octubre: El Juez Isaías Figueroa deniega la excarcelación del sacerdote solicitada por su abogado José Toledo.

4 de diciembre: Orantes deja de nuevo la prisión, para ingresar al hospital privado Ciudad Vieja, debido a su grave estado de salud, y aún permanece en ese centro asistencial.

1999:

4 de enero: Es nombrado como fiscal especial del caso Gerardi, Celvin Galindo, en sustitución de Otto Ardón, acusado de parcialidad por la Iglesia católica.

30 de enero: Nombran a Henry Monroy como Juez del caso en lugar de Isaías Figueroa, recusado por la defensa del sacerdote.

5 de febrero: El Fiscal General, Adolfo González, solicita al Tribunal Segundo de Primera Instancia Penal, la excarcelación de Orantes por razones humanitarias.

9 de febrero: El Juez Henry Monroy rechaza por "improcedente" la libertad del sacerdote pedida por la fiscalía.

16 de febrero: Se celebra la audiencia judicial en donde Galindo pide la apertura de juicio contra Orantes por el delito de asesinato, mientras que el Arzobispado y su defensa plantean su libertad mediante la clausura privisional del proceso.

17 de febrero: El Juez ordena la libertad inmediata de Orantes y clausura provisionalmente el proceso para que el Ministerio Público pueda profundizar las investigaciones sobre el crimen de Gerardi.

 

 


 

Monseñor Gerardi y la Verdad

 

Era obvio que el ambiente sería solemne pese al anticipado desaire del presidente guatemalteco, quien anunció que prefería nombrar una representante para recibir el informe elaborado por la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH). Sin embargo, ese jueves 25 de febrero –antes, durante y después de la entrega del documento– predominaron más la expectativa y la emotividad. Arriba del escenario en el Teatro Nacional, el comisionado Alfredo Balsells Tojo abrió el acto diciendo: "El silencio fue roto"; tras ello, fue interrumpido por el estruendo de los aplausos. Afuera del imponente local, representantes de la población víctima de la grave y sistemática violación a sus derechos humanos hacían guardia; entre la gente congregada, eran varias las viudas que lloraban con sus ausencias, recuerdos y dolores. Y en el aire revoloteaba un nombre: Juan Gerardi Conedera, asesinado diez meses antes por su empeño de lograr que Guatemala entera y el mundo conocieran la verdad completa sobre las atrocidades cometidas durante más de tres décadas de horror. A él le dedicaron el informe los integrantes de la Comisión.

En el caso salvadoreño –entre paréntesis– las cosas fueron muy distintas: el informe de la Comisión de la Verdad fue presentado el 15 de marzo de 1993 en Nueva York y a ese acto acudieron, en su inmensa mayoría, representantes de las partes que hicieron la guerra y que tuvieron la responsabilidad de los hechos de violencia y las graves violaciones cometidas contra la población; representando a las víctimas fueron muy contadas las personas que acudieron. No hubo solemnidad ni emoción y tampoco se hizo nada oficial ni relevante acá en el país, fuera del lamentable decreto de amnistía que se recetaron los victimarios cinco días después de presentado el informe denominado "De la locura a la esperanza". Por todo eso, ahora, estamos al borde de la locura y bastante lejos de la esperanza.

Pero regresando a Guatemala, que es lo que ahora nos ocupa, cabe decir que en ese marco –el de la presentación del documento de la CEH– ocurrieron algunos hechos significativos alrededor del caso Gerardi, en parte tal vez como consecuencia del acontecimiento referido. Mientras la atención pública estaba centrada en ese trascendental acontecimiento, el testigo clave del asesinato salía al exilio. Protegido por elementos de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHAG) junto a representantes de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas para Guatemala (MINUGUA) y agentes de la Policía Nacional Civil, Jorge Diego Méndez Perussina –pariente de un alto ex jefe militar– llegó al aeropuerto internacional La Aurora y se alejó quién sabe por cuánto de su país.

Salió rumbo a Canadá, después de haber rendido su testimonio ante el Juzgado Segundo de Primera Instancia –a cargo del juez Henry Monroy– quien lo recibió como prueba anticipada. ¿Qué dijo? Pues que el 26 de abril de 1998, a eso de las 22:30 horas, vio salir de la casa parroquial a un hombre sin camisa que se subió a un vehículo color blanco, placas oficiales 3201, fuera de la iglesia de San Sebastián; asimismo, declaró que había otro carro estacionado dentro del cual estaban cinco sujetos armados, "aparentemente militares".

Tras ello, fue liberado el sacerdote Mario Orantes que —desde hacía meses— era señalado por el Ministerio Público como el principal responsable del crimen; y más recientemente se realizó la reconstrucción judicial de los hechos para establecer, de manera definitiva, que Orantes no tuvo participación alguna en ellos. Todos estos últimos pasos que apuntan a "descontaminar" el proceso y a pensar en la posibilidad de que –quizá algún día– se logre conocer la verdad, es fruto de la tesonera labor realizada por la ODHAG, creada bajo la dirección de monseñor Gerardi y ahora conducida por monseñor Mario Ríos Montt.

"Felicitaciones, porque están contentos; pero a ver cómo amanecen el lunes", fue uno de los mensajes intimidatorios recibidos por este obispo hace unos días, tras la liberación de Orantes y la reconstrucción del asesinato. Era de esperarse pues monseñor Ríos Montt no ha cejado en su empeño por llegar hasta las últimas consecuencias; y esa llamada no es una novedad pues ya había recibido cerca de cinco llamadas telefónicas la semana última en la casa parroquial de San Sebastián, lugar donde reside. "Como no tengo vigilancia, a mí me pueden amenazar todas las veces que quieran; pero, además, no quiero seguridad porque ya tengo bastante con cuidarme a mí mismo, como para tener que cuidar a otros", expuso el prelado.

Sin lugar a dudas, aún falta mucho por andar para superar las mentiras oficiales en el caso Gerardi y sancionar a los responsables; el trayecto, obviamente, no será fácil. Sin embargo, desde la ODHAG –encabezada por monseñor Ríos Montt– se continúa luchando para lograr ese objetivo sin importar las resistencias de cualquier tipo. Mientras tanto, la figura del obispo sacrificado por decir la verdad de las víctimas sigue creciendo y el pueblo guatemalteco se alista para conmemorar el primer aniversario de su martirio.

 

 


  

Meditaciones Cuaresmales

Jon Sobrino

  

Deuteronomio 26, 4–10: "El Señor nos sacó de Egipto"

  La fe, para Jesús, es confianza en un Dios que es Padre y es disponibilidad hacia un Padre que es Dios. Jesús descansa en un Dios que es Padre, pero el Padre sigue siendo Dios y no le deja descansar. Esa entrega al ministerio de Dios, esencial en la vida de los creyentes, es a la que hay que volver una y otra vez. Y hay que estar en claro sobre quién es ese Dios, para lo cual hay que ir al origen de su revelación.

En el origen acaece una acción liberadora, que aquel pueblo oprimido en Egipto atribuye a Dios: "Escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nos sacó de Egipto". En el principio de la revelación de Dios está la compasión hacia un pueblo que sufre. Dios no se revela a todos por igual, sino que se manifiesta parcial hacia el oprimido. No es el dios de los imperios europeos de antaño, no es el dios de la cristiandad, no es el dios de la "civil religion", sino que es un Dios de los pobres.

Esa revelación acaece, además, a través de una acción: "la liberación de la esclavitud". Antes que el culto está el hecho histórico, político si se quiere, pero sobre todo humano, de la liberación. Resulta, entonces, que "la opción por los pobres" y "la liberación" no son descubrimientos latinoamericanos de este último tercio de siglo, sino que ambas están en el origen de la revelación de Dios y pertenecen a su misterio más profundo.

Así comienza el "creo" de Israel, y así también comienza el del Nuevo Testamento: con una acción de Dios, parcial y liberadora hacia una víctima. "Dios es el que resucitó a Jesús", decían los primeros cristianos, y Pedro explica muy bien esa acción de Dios como si formase parte de un drama en dos actos. En el primero, Pedro dice a los israelitas.: "Ustedes asesinaron al justo y al inocente, a Jesús de Nazaret". Es la acción de los hombres, el pecado del mundo que da muerte y hace víctimas. En el segundo acto aparece la re–acción de Dios a la acción de los hombres: "Pero él le resucitó de entre los muertos".

La resurrección de Jesús tiene, pues, la misma estructura que la liberación de Egipto. Dios hace justicia a una víctima y libera de la muerte al oprimido. La resurrección no hay que entenderla, entonces, como la vuelta a la vida de un cadáver, sino como la justicia que Dios hace a un crucificado. Así comienza el nuevo credo de los cristianos.

Volvamos a nuestra fe. La secularización que trajo la modernidad, la trivialización de la existencia que ha traído la postmodernidad, y la gran pregunta y protesta de siempre, la de la teodicea ("¿por qué, Señor, tanta injusticia, tanta opresión, tanta maldad que no remedias?") no facilitan la fe en Dios. Pero es bueno saber, al menos, de qué Dios estamos hablando, y no pensar en un dios, hecho a nuestra imagen y semejanza, un dios que nunca ha existido.

Recordemos para terminar lo que dice Gustavo Gutiérrez: "A Dios se le contempla y se le practica". El lugar de la fe en Dios es practicar a Dios, ser nosotros buenos como lo es el Padre Celestial, liberar a los pueblos oprimidos, hacer justicia y devolver a la vida a las víctimas. Es el momento práxico de la fe. Y antes y después de esa praxis contemplar a Dios, experimentar su gracia, dejarnos dar su amor.

 

 Mateo 25, 31–46: "Tuve hambre y me disteis de comer".

  Dios lo dijo muchas veces en los profetas del Antiguo Testamento: "Practicar la justicia, ¿no es eso conocerme?". Jesús lo repitió varias veces a lo largo de su vida: "El sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado… Justicia quiero y no sacrificios". Estas palabras son absolutamente claras, todos las entienden y responden a un hondo sentido común humano, puesto por el mismo Dios en lo más profundo de nuestros corazones: Dios quiere que aborrezcamos el mal y que hagamos el bien.

Sin embargo, los seres humanos y las Iglesias, todos somos pueblo de dura cerviz y encontramos escapatorias para no ver lo evidente y no tener que hacer lo obvio. De ahí la importancia de este evangelio de Mateo. Es un pasaje solemne que aparece al final de la vida de Jesús y en el que se dice lo que ocurrirá al final de los tiempos: en qué consiste nuestra salvación definitiva y cómo la conseguimos. En otras palabras, se nos dice qué es vivir como ser humano y como creyente, y el evangelio insiste en que ésta es la palabra final de Dios sobre este asunto de vida o muerte. No hay otra palabra que vaya más allá de ésta, ni de obispos y ni de teólogos, pero ni siquiera hay otra palabra del mismo Jesús.

Jesús dice que todo se decide en "dar de comer al hambriento", palabras que resuenan en el corazón y no que lo hacen arder por la verdad y la belleza que llevan consigo. No hay más. Si alguien –de buena o mala fe– quisiera zafarse y preguntar dónde está Dios en esa acción definitiva de la que depende la salvación o la condenación, la respuesta es "en el hambriento".

No lo acabamos de aceptar y de mil maneras lo negamos en la práctica. Pero ese Jesús del que habla Mateo 25 debió estar muy activo en Puebla, donde se reunieron los obispos católicos, en 1979, y volvieron a repetir el texto de Mateo 25. Comienzan los obispos afirmando grandes verdades de nuestra fe: "Jesucristo vive en medio de su Iglesia, principalmente en la Sagrada Eucaristía y en la proclamación de su palabra, está presente en los que se reúnen en su nombre y en la persona de sus pastores enviados". Pero todavía no se ha dicho lo fundamental. En un lenguaje más vigoroso continúan los obispos: "Jesucristo ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres". El texto no habla ya simplemente de "estar", sino de "identificarse"; y no dice simplemente que está "en", sino con "ternura especial". No se pueden decir las cosas con mayor claridad.

Pobres y Dios, historia y transcendencia convergen en el cristianismo. Lo que nos dice Jesús es que Dios está en nuestra historia, en el pobre. Ahí le encontramos lo sepamos o no. Y lo encontramos no sólo porque ése es su lugar, sino porque vamos a ese lugar con compasión, misericordia, justicia, amor. Porfirio Miranda escribió hace 25 años: "la cuestión no está en si alguien busca a Dios o no, sino en si lo busca donde él mismo dijo que estaba".

En esta sencilla pregunta de "qué es lo que hay que hacer’ y en esta bienaventurada y escandalosa verdad de que "el lugar de Dios son los pobres" se juega lo central de nuestra fe. Sobre ello volveremos.

 

 


 

Dom Helder Câmara, arzobispo emérito de Recife (Brasil)

Noventa años poniendo voz a la justicia

 

"Cuando doy pan a un pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué el pobre no tiene pan, me llaman comunista". Palabras tan rotundas e incómodas sólo podían salir de la boca de alguien que durante décadas no ha entendido otro lenguaje que el de la justicia y el compromiso con los más desfavorecidos de este mundo. Así es Dom Helder Câmara Pessoa. Acaba de cumplir los 90 años y, aunque su figura enjuta y menuda ya no se deja ver tanto en público como décadas atrás, el testimonio de su vida y su mensaje sigue siendo estímulo y referente para quienes en cualquier rincón de América Latina tratan de erigirse en protagonistas de su propia liberación.

El que fuera arzobispo de Olinda y Recife, en Brasil, nació un 7 de febrero de 1909 en la ciudad de Fortaleza, en el seno de una familia "muy sencilla". Su madre era institutriz y su padre trabajaba como dependiente en un comercio de la localidad. Fueron trece hermanos, pero cinco de ellos murieron en poco más de un mes a causa de una epidemia de "garrotillo" (una especie de difteria).

 

Tentado por la política

  Helder, que debe su nombre a un puerto de los Países Bajos que su progenitor encontró al azar hojeando una enciclopedia, ingresó a muy temprana edad en el seminario, pese a que había sido "tentado por la política, su pecado de juventud". Tal era el grado de reputación que tenía entre sus paisanos que alguien le propuso un día ser ministro de Educación, e incluso presentar su candidatura a la Vicepresidencia de la República. Pero, para entonces, hacía ya años que había elegido el "modo definitivo de servir" a su pueblo: el sacerdocio.

Hace ya 67 años que fue ordenado y no ha pasado un solo día sin que este hombre de mirada "clara y sin nubes" (eso significa su nombre de pila) haya recorrido las zonas marginales de su país. Primero fueron las favellas de Río de Janeiro, cuando –allá por los años 40– comenzó a desplegar una intensa actividad pastoral en esta inabarcable archidiócesis brasileña. Después, a partir de 1964, fue "pobre con los pobres" de Recife, capital del "cuadrilátero del hambre", en el nordeste de la República, y el lugar donde humilde y calladamente reside desde su jubilación en 1984.

En todo este tiempo han sido muchos y de muy distinto signo los episodios que jalonan la trayectoria episcopal de Helder Câmara. Su curriculum eclesial nos dice que fue él uno de los principales artífices de la fundación de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), en cuyo seno ejerció como secretario durante doce años. Entre sus más reconocidas tareas figura también el haber sido el gran animador de la I Conferencia de obispos latinoamericanos celebrada en Río en 1955, de la cual surgiría el Consejo Episcopal Latinoamericana (CELAM).

Pero estas "satisfacciones" se vieron teñidas por la incomprensión de las instancias políticas o de las propias autoridades eclesiásticas. Calificado de "obispo rojo" durante la dictadura militar que padeció el país, Dom Helder se convirtió en una amenaza para el régimen. En sus viajes al extranjero denunció una y otra vez la tortura que se practicaba en las prisiones militares contrarrestando así el voto de silencio a que fue sometido en los medios brasileños por orden gubernamental. El, que ha querido ser la "voz de los sin voz", tampoco lo ha tenido fácil entre algunos sectores de la Iglesia. Atemperando su espíritu crítico con ese aspecto eternamente jovial, Helder Câmara no ha renunciado a poner el dedo en la llaga de algunas heridas eclesiales: "Predicamos un cristianismo demasiado pasivo, ha declarado sin tapujos. La paciencia, la obediencia, la aceptación de los sufrimientos en unión con los sufrimientos de Cristo son grandes virtudes, sin duda, pero en este contexto (en el de los países del tercer mundo) siguen el juego al opresor".

Denostado o adorado, polémico o lúcido, provocador o comprometido… Adjetivos tan dispares se asoman hoy a la biografía de un hombre en el que, sin embargo, todos reconocen a un profeta de nuestro tiempo, un "peregrino" de 90 años que por sí solo ha escrito una página en la historia eclesial de este siglo.

 

Vida Nueva

Febrero, 1999

 

 


 

Sonetos de la Misericordia

 

Francisco Andrés Escobar

 

MARAS

 

Hijos que la ocasión puso en el mundo,

sin que hubiese el amor su ser mandado.

Cual gorriones de aliento aniquilado

van sus alas por trillo gemebundo.

 

Herederos del llanto más profundo

tras sardónico rictus camuflado.

En su aliento de fuego va escudado

el sollozo del huérfano errabundo.

 

En la "mara", el amor nunca sabido

halla el rostro concreto y anhelado

y el sostén del apoyo más profundo.

 

Hay un ángel de Dios meditabundo

en la frente del ángel descarriado

y en su sangre de arcángel malquerido.

 

 

LADRON

 

¿No te sangra la mano, claveteada

de hurgar necia en el fondo del abismo

y buscar, guarecida en el mutismo,

la moneda del ansia desatada?

 

¿Sorprendes a la víctima asustada

con tu asalto de impronto cataclismo,

porque expresas el núcleo de ti mismo…,

o es que sigues del mundo la llamada?

 

En la cruz, a la diestra, el condenado

pidió al Hombre la gloria inmerecida,

que el perdón siempre otorga a lo culpable.

 

Al cegar en el Gólgota la vida,

el Rabí le entregó promesa amable,

con su amor ofrecido y rechazado.

 

 


 

Irrespeto a las mujeres en Afganistán

 

Nos ha llegado una noticia que resulta muy preocupante. En momentos en que las mujeres consiguen que se les reconozcan algunos de sus derechos civiles y religiosos, nos topamos con países en que no sólo no se avanza en este aspecto sino que se retrocede a gran velocidad.

Tal es el caso, al parecer, de Afganistán donde hay datos de que el gobierno ha declarado la guerra contra las mujeres. Ellas disfrutaron de una libertad relativa de vestir como quisieran, desarrollarse profesionalmente, conducir carros y aparecer solas en público hasta 1996. Pero desde que el Talibán, de gran extremismo islámico, consiguió el poder en 1996, las mujeres han tenido que llevar burqua y han sido golpeadas en público por no llevar el atuendo apropiado, incluso por no llevar la rejilla cubriéndolas los ojos. Hay historias espeluznantes en torno a esto. Una mujer fue golpeada a muerte por un grupo de fundamentalistas enojados por descubrir su brazo accidentalmente mientras conducía; otra fue apedreada a muerte por intentar abandonar el país con un hombre que no era familiar suyo; no se permite a las mujeres trabajar y ni siquiera salir en público sin un familiar varón; mujeres profesionales (como catedráticas, traductoras, médicos, abogadas y escritoras) han sido sacadas de sus trabajos y metidas en casa; las casas en donde hay mujeres, deben tener las ventanas pintadas para así no ser vistas nunca por transeúntes; deben llevar zapatos silenciosos para no ser oídas; los hombres tienen poder absoluto sobre la vida y muerte de sus familiares de sexo femenino, sobre todo de sus esposas; incluso los grupos de hombres enojados tienen derecho a apedrear o golpear a una mujer, a menudo hasta la muerte, por exponer un centímetro de su carne o por ofenderles mínimamente; los hospitales donde hay mujeres enfermas son auténticas antesalas de la muerte, ya que para ellas no hay medicinas; etc.

Este cambio tan fuerte y tan denigrante para la mujer ha provocado en las mujeres grandes depresiones hasta los límites de emergencia. Se ha incrementado en consecuencia el índice de suicidios, ya que las mujeres prefieren la muerte a vivir con el temor continuo de ser golpeadas hasta la muerte.

El mundo está lleno de crueles guerras, de incomprensiones étnicas y religiosas, de impunidades sociales. En los diarios van apareciendo. Es urgente llamar la atención internacionalmente sobre situaciones como la que acabamos de describir. No es fácil lavarse las manos ante las mismas cuando a nuestro alrededor asistimos a marginaciones de la mujer, sobre todo si es pobre, más sofisticadas y refinadas si se quiere pero marginaciones en el fondo. Ojalá estos hechos nos hagan pensar y la denuncia no caiga en costal roto.